19 marzo 2011

Los huevos más ricos: huevos de gallinas en libertad


La semana pasada mi marido trajo a casa una bonita caja con 12 huevos de gallinas (criadas) en libertad. Y me ha encantado. He encontrado esta información sobre asunto tan delicioso:

"Estamos en el centro de Galicia, una zona de bosques de roble y castaño, donde las gallinas de Pazo de Vilane pasan el día por frescos praderíos, picoteando, cuando es la época, las frambuesas que se cultivan. Nuria Varela-Portas de Orduña es la gerente de esta empresa familiar que, estos últimos diez años, se ha convertido en su forma de vida. Nació y vivió siempre en Madrid, y el pazo era la residencia de sus vacaciones estivales: «Ha pertenecido a mi familia durante doce generaciones y guardamos documentos sobre la finca desde el siglo XVII», nos explica. Estudió Económicas, se marchó un año a Inglaterra, y a su vuelta recorrió algunas zonas de Francia, como la Bretaña, donde vio ejemplos de explotaciones agropecuarias con control del entorno, plantación de arbolado autóctono, gestión de residuos en la propia explotación, elaboración de un producto artesanal… Su plan no era dejar el barrio de Salamanca por el campo, pero así fue. Hizo un curso de agricultura ecológica cerca de Vilane y ya no volvió a Madrid. Le costó adaptarse y estuvo a punto de tirar la toalla, pero 'pudo más mi amor propio', nos dice.

En torno al pazo
Es el centro de reunión de la familia. Nuria tiene dos hermanos, y sus cuatro sobrinos están muy involucrados en el devenir del pazo. "A todos nos gusta que sean conscientes de que hay otro tipo de vida. Queremos que conozcan el campo, la finca y lo que aquí se hace."

El producto
Huevos camperos de gallina con un sabor, aroma y consistencia únicos. Es fruto del pastoreo en libertad en una tierra con unas condiciones ambientales privilegiadas." (www.woman.es).

Más sobre gallinas ponedoras:

Se denominan "gallinas ponedoras" a las destinadas principalmente a la producción de huevos.

Su vida comienza en una incubadora en una granja de pollitos. Pero la mitad de los que salen del cascarón son machos, y los matan al cabo de uno o dos días porque no hacen falta. Cada año mueren millones.

Los machos no sirven para el negocio de los huevos, y son demasiado pequeños para comerciar con su carne, así cada año se tiran millones de ellos a la basura para asfixiarlos, o se arrojan todavía vivos a unas trituradoras de alta velocidad llamadas "picadoras".

Cuando las hembras están en edad de poner huevos, con unas 16 ó 18 semanas, se trasladan a la granja de gallinas, una instalación que en general consiste en varios edificios, cada uno de ellos de la longitud de un campo de fútbol, llenos de filas de jaulas metálicas, apiladas a veces hasta el mismo techo: es lo que se llama "gallinas de batería". Estas jaulas tienen el suelo en desnivel, de forma que el huevo ruede hasta una cinta transportadora camino del siguiente paso de producción.

Para optimizar la producción de cada edificio, se encajan tantas gallinas en la misma jaula como sea posible, y cada animal dispone de una superficie similar a la de medio folio de papel. Las condiciones son reducidas e impiden al animal realizar conductas normales como anidar y asearse, ambas importantes para las gallinas.

Las jaulas se apilan unas sobre otras, y los excrementos caen a las de debajo. El amoniaco y el hedor de las heces contaminan el aire, y proliferan las infecciones y las enfermedades, como las graves y dolorosas que el amoniaco produce en la piel al fijarse en las plumas.

Las gallinas que consiguen escapar de las jaulas caen sobre la pila de deshechos orgánicos, donde mueren.

Cada edificio puede albergar unas 200.000 gallinas, e incluso más, produciendo cada una de ellas una media de huevos superior a los 260.

Las estadísticas de 1940 indicaban una producción de 134 huevos por gallina y año, lo que nos da idea de las manipulaciones genéticas y ambientales que se han llevado a cabo para duplicar la producción.

Esta puesta intensiva es completamente antinatural, y provoca todo tipo de secuelas en los cuerpos de las gallinas.

El hacinamiento extremo y las condiciones artificiales generan múltiples problemas, incluyendo daños y lesiones en las patas y las plumas por las propias jaulas.

Por si no fuera poco, añadimos la absoluta falta de ejercicio sumada a la superproducción de huevos, y tenemos osteoporosis y fracturas óseas. Forzadas a una vida entera de pie, se les deforman las patas, el alambre corta sus dedos, que además se arquean y se convierten en garras al sostenerse en una superficie inadecuada.

La osteoporosis es una afección común en estas gallinas, ya que sus cuerpos pierden más calcio en la producción de cada huevo del que pueden asimilar en su alimentación. Una revista del sector (Lancaster Farming) afirmaba que "... una gallina gasta al cabo del año en producir huevos una cantidad de calcio superior a la de su propio esqueleto". La falta de calcio les provoca fracturas óseas, parálisis y la muerte.

También por este apilamiento hay millones de aves que pueden sufren asfixia en las olas de calor, ya que no hay la ventilación adecuada. Las heces y el polvo crean una atmósfera insalubre.

Picarse unas a otras de forma constante es una de las reacciones de las gallinas para combatir el stress. Para reducir los daños derivados de esto, la industria de los huevos ha ideado un proceso: cortarles un trozo de pico. Con ello, le seccionan también las terminaciones nerviosas del pico, que puede degenerar en anomalías del tejido nervioso.

Se les corta un trozo de pico con una hoja al rojo vivo. No les dan calmantes, y algunas, incapaces de comer por el dolor, mueren deshidratadas y con el sistema inmunitario deshecho.

Pero aún hay otra cosa más. Algunas de estas fábricas de huevos provocan la "muda forzada": se deja a la gallinas sin comer ni beber durante dos semanas, a oscuras, provocando que todas muden (cambien las plumas) a la vez, porque la muda hace comenzar de nuevo el ciclo de la puesta de huevos cuando la producción baja, y así alargan la productividad económica de estos animales.

Esta práctica, extremadamente cruel, se llama "muda forzada" porque hace que pierdan las plumas y un significativo porcentaje (25%) de su peso normal; de hecho, muchas (10%) mueren de hambre y deshidratación.

En comparación, las gallinas ponedoras de granjas más familiares, que no viven en jaulas, llevan una vida más normal. Tienen espacio para moverse y para aletear. Pueden socializarse y desarrollar conductas naturales como escarbar en el suelo y asearse.

Después de un año o dos, las gallinas dejan de ser rentables y se envían al matadero, son las "gallinas gastadas". Sus huesos frágiles se suelen romper durante el manejo o ya en el matadero. En general, acaban siendo ingrediente de sopas, caldos o productos cárnicos similares de bajo contenido en pollo, en lo que sus cuerpos pueden ir totalmente triturados para que el consumidor no detecte hematomas ni heridas.

Los productores de este tipo de huevos han encontrado en los mataderos avícolas y en los subproductos de gallina una nueva posibilidad para deshacerse de las "gastadas", incluyendo su inclusión en el pienso para animales de compañía. (perritosdesegovia.blogspot.com).

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2 Deja un comentario:

Webmaster de sallita dijo...

Felicitaciones por su blog; me encanta la idea de una mamá publicando contenidos educativos: sería un sueño contar con una comunidad educativa virtual en que todos estuviésemos aprendiendo y ensañando a la vez que compartimos nuestros recursos. Necesariamente incluiré un enlace a su blog desde el sitio educativo que administro, en la sección papás y alumnos.
A su servicio: Raúl Galván González.

Lileka dijo...

muchas gracias raúl por su comentario. es un placer recibir lectores como usted. éxito con su portal!