22 febrero 2011

Niños jardineros


El jardín no es siempre un lugar de disfrute exclusivo para los mayores, los pequeños de la casa también pueden participar del mundo de la jardinería, además de colaborar en el trabajo que supone el mantenimiento de este espacio. Los pequeños no pueden ayudar en todas las tareas, pero sí pueden tomar parte en otras muchas, como en la recogida de las hojas de los árboles, la siembra de algunas plantas o el riego del césped. Son tareas sencillas que no requieren demasiado esfuerzo, ni tiempo de espera.

A partir de los dos años de edad, los niños ya están capacitados para ayudar en tareas sencillas como regar las plantas. No deben manejar por sí solos la manguera, sino que lo más apropiado es una pequeña regadera de colores llamativos para regar las plantas de balcones y macetas. Otra labor que les entretiene es eliminar las malas hierbas, siempre bajo la supervisión de un adulto.

Con dos o tres años más, empiezan a sembrar semillas. Son preferibles las sembradas en maceta, como la caléndula o la capuchina. Para calmar su impaciencia se puede optar por semillas de plantas de desarrollo rápido. Es el caso de los guisantes, las alubias o las lentejas. También son muy apropiadas las simientes de girasoles, dado su gran tamaño y vistosidad.

Los niños más mayores pueden organizar por sí mismos un pequeño jardín. Una buena opción para hacerlo son las jardineras de gran tamaño, donde podrán plantar distintas especies.

Herramientas

En cuanto a empleo de herramientas, lo más adecuado para evitar accidentes es comprar utensilios inofensivos, como palas, cubos, regadera y rastrillos de plástico. Sin elementos punzantes o cortantes.

En ningún caso se debe encomendar a los niños el uso y manipulación de segadoras o tijeras. También se les debe mantener alejados de productos peligrosos como abonos, fertilizantes o herbicidas.

Peligros ocultos

En el caso de los niños, sobre todo si son de corta edad, la seguridad es el objetivo principal. Además del daño que pueden ocasionar las plantas con espinas, púas y hojas cortantes, como los rosales o los cactus, muchos vegetales de balcón, maceta o jardín son tóxicos y, por lo tanto, entrañan un peligro más grave para los pequeños.

Algunas especies ocasionan envenenamiento por ingestión o por un simple roce. Las consecuencias van desde simples irritaciones de la piel o mucosidad hasta ahogos, calambres, diarrea y, en casos extremos, la muerte. Además de las características de la planta, la gravedad de los efectos tóxicos varía en función de la edad, el peso y la sensibilidad del niño.

El acebo y el muérdago contienen sustancias en sus hojas y bayas, como la ilexantina, el ácido iléxico o las viscotoxinas que provocan daños internos al organismo en caso de consumirse.

También son muy tóxicas las hojas y los frutos de la hiedra, que pueden provocar vómitos y diarreas, sobre todo en niños pequeños. No obstante, una de las plantas más peligrosas para los pequeños es el tejo común. Las hojas, semillas y corteza de esta especie vegetal contienen taxina, una mezcla compleja de alcaloides, que puede llegar a ser letal en caso de ingestión. Fuente: Eroski Consumer

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