09 noviembre 2010

Coleccionando semillas en Noruega


Visita a la caja fuerte de las plantas

20/06/2010 | Irene Quaile y Rosa Muñoz Lima | Deutsche Welle para lainformacion.com

Muestras de semilla de todo el mundo se conservan bajo el suelo permanentemente congelado de la isla ártica de Spitsbergen (Noruega), para proteger la flora del planeta frente a la amenaza de guerras o catástrofes naturales. Deutsche Welle ha sido uno de los pocos que ha podido entrar en este almacén mundial para mostrártelo, en colaboración especial con lainformacion.com.
Entrada al banco mundial de semillas de Svalbard, Noruega (Imagen: Svalbard Global Seed Vault/ Mari Tefre)

(Spitsbergen, Noruega). La nieve se derrite lentamente sobre las montañas cercanas a Longyearbyen, el más populoso asentamiento de Spitsbergen. Ésta es la mayor de las islas del archipiélago noruego de Svalbard, donde el suelo permanece constantemente congelado durante todo el año: los geólogos lo llaman “permafrost", una de las razones por las cuales se ha elegido este sitio, a 130 metros sobre el nivel del mar ártico, para crear una “Bóveda Global de Semillas”.

Impulsado por el Gobierno noruego y gestionado por el Fondo Mundial para Diversidad de Cultivos (Global Crop Diversity Trust), este búnker helado subterráneo fue inaugurado en 2008. Entretanto, cerca de medio millón de semillas se almacenan esta especie de “Arca de Noe del mundo vegetal”, que sus gestores consideran “el lugar más seguro del mundo”.

Mantenimiento del “Arca de Noé”

Unas tres o cuatro veces al año Roland von Bothmer viene hasta Svalbard. El profesor de fitomejoramiento genético de la Universidad Sueca de Agronomía es uno de los pocos con acceso al búnker de Spitsbergen, y aclara a visitantes selectos la importancia de estas instalaciones.

A la entrada, sonidos desacostumbrados interrumpen la paz del Ártico. El túnel de unos 100 metros de largo que debe conducir a las naves de almacenamiento está en excavación. El permafrost dañó el acceso a la bóveda a menos de un año de su inauguración. Y todavía se trabaja para repararlo.

Algunos se preguntan si el calentamiento global podría impedir que se pongan a salvo estas muestras de semilla y, con ellas, una fuente segura de alimentación para un posible nuevo comienzo tras una catástrofe natural de grandes dimensiones.

El profesor von Bothmer asegura que no. Incluso en caso de calentamiento severo y gran ascenso del nivel del mar, las semillas estarían seguras en el interior de la “Bóveda Global de Semillas”.

Vestidos con trajes térmicos, avanzamos a través del túnel de concreto que lleva a los almacenes. En las paredes brilla la escarcha. Von Bothmer se detiene frente a una puerta de acero con un candado congelado. “Atravesaremos una especie de esclusa de aire”, aclara el profesor. “Debemos pasar rápido por la primera puerta y cerrarla, antes de que la entrada a la ‘caja fuerte de semillas’ se abra”. Es muy importante no dejar pasar calor hacia dentro.

A salvo de catástrofes naturales y guerras

Con unos 5 a 6 grados negativos de temperatura del permafrost, las primeras naves se consideran relativamente calientes en relación con las temperaturas usuales en el Ártico. Aunque estos recintos sólo serán usados más adelante, algunos estantes ya están listos. El fitogenetista implicado en proyectos de recolección de semillas en Kirguizistán y Tayikistán, aclara el procedimiento:

“Aquí tenemos muestras de semillas empaquetadas al vacío. Éstas son de Dinamarca y Nueva Delhi. Después de secarlas, su contenido de agua es de sólo un 5 a 6 por ciento. Así se traen hasta aquí por aire en una caja negra. Nosotros las registramos y ubicamos en la bóveda”, dice von Bothmer.

Las informaciones sobre las semillas almacenadas están al alcance de todos en internet. Las semillas, sin embargo, son propiedad de quienes las han puesto a resguardo: por lo general, un banco de semillas o instituciones públicas relacionadas con la agricultura.

“Lo más importante es poner a salvo duplicados, para poder retornarlos a sus propietarios en caso de que los originales se pierdan”, explica von Bothmer. Guerras civiles o catástrofes naturales como la ocurrida recientemente en Haití, son algunas de las situaciones en que podría demandarse de estas semillas.

Sobra espacio

Al lado está la nave central de estos almacenes. O sea, la verdadera "caja fuerte". Aquí hay un gran eco y temperaturas mucho más bajas. Von Bothmer comprueba el termómetro. El sistema reporta 17 grados negativos, debe llegar a 18 grados bajo cero. Esa es la temperatura ideal para conservar semillas por cientos de años.

Tras una valla cerrada se observan estanterías con recipientes numerados de los más diversos lugares del mundo. “En esta nave tenemos unas 52.000 muestras de semilla”, explica von Bothmer orgulloso. “Y la nave no está ni siquiera a la mitad de su capacidad. Cuando las tres naves entren en explotación, tendremos espacio para cada una de las especies que existen en el mundo”. Cerca de un tercio de los cultivos disponibles hoy a nivel global están ya representados aquí, asegurados para las futuras generaciones.

Biodiversidad como garante de la seguridad alimentaria

La existencia de esta bóveda tiene sentido incluso si no se produce ninguna de las catástrofes naturales o provocadas a las que el ser humano teme. La desaparición de diversas especies amenaza actualmente a la diversidad biológica en todo el planeta, nos recuerda Roland von Bohtme. Muchas especies de cereales, adaptadas a determinadas condiciones climáticas a lo largo de siglos, se han perdido “porque los campesinos han preferido plantar cultivos modernos con un trasfondo genético limitado”, lamenta el botánico.

Von Bothmer recuerda la pasada Cumbre Mundial de Alimentación de la FAO en 2009: “Se dijo que tenemos que incrementar en más de un 70 por ciento la producción de alimentos para 2050. Pero al mismo tiempo desaparecen las tierras cultivables, así que la agricultura tiene que ser cada vez más eficiente y sostenible. Yo estoy seguro que el fitomejoramiento genético puede jugar un rol importante en este sentido”.

También el cambio climático hace necesario asegurar una amplia variedad de recursos genéticos para el futuro, concluye Bothmer. “Muchas regiones se harán más secas. En otras lloverá más. Nuevas enfermedades y parásitos afectarán a nuestra flora. Así que necesitamos diversidad genética, por ejemplo, para resistir a las nuevas condiciones”.

El debate sobre el cambio climático ha elevado el interés por la “Bóveda Global de Semillas”, asegura el profesor. Y a la par, esta “Arca de Noé del mundo vegetal” ha creado una mayor conciencia de la necesidad de proteger los recursos genéticos de la flora mundial.

Autoras: Irene Quaile/ Rosa Muñoz Lima
Editor: Enrique López Magallón

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