18 junio 2010

Poner límites: cuando papá y mamá no se ponen de acuerdo


A ningún niño le gusta ver que sus papás discuten y menos si es por cómo cree cada uno que es mejor educarlo. Lo normal es que aunque no se manifieste esto genere un sentimiento de culpa. Hay casos en los que uno de los padres consiente al hijo mientras el otro intenta poner límites. Ésta es una situación muy corriente en muchas familias en nuestros días porque pareciera que ya no existen los roles. Los hijos ejercen muchas veces de déspotas, justamente por ello, aprovechándose de esa debilidad parental.

La solución es que papá y mamá hablen. Que dialoguen y se pongan de acuerdo. Un niño necesita mimos, pero es fundamental para su futuro que se acostumbre a que existen los límites. La vida es cruel y hay que hacerse a la idea de que hay que ser fuerte.

Pero cuando hablo de límites no me refiero en ningún caso a la técnica premio-castigo, sino a saber decir sí y no cuando las circunstancias lo requieren. Un no dicho en el momento adecuado es un regalo para el niño, no menos que un sí. También hay maneras y maneras de decir no y de decir sí. No debería nunca ser un no ni un sí ambiguos, sin firmeza ni convicción. Hay que estar convencidos. Hay que creer en los propios criterios. Hay que buscar dentro de nosotros la motivación adecuada.

Necesidad y deseo no son la misma cosa. Una necesidad no puede ser postergada por mucho tiempo. Un deseo en cambio puede ser postergado o aplazado porque siempre aparecerá otro objeto de deseo. Ante un escaparate lleno de juguetes o chuches, podemos pararnos y conversar con nuestro hijo, intercambiar opiniones, ¡qué bonito es esto! ¡qué bueno sería poder comprarnos esto y esto si nos alcanzase el dinero!, sin necesidad de entrar y comprar nada. No es necesario demostrarle al niño que tenemos lo que no tenemos o que tenemos todo el dinero del mundo para todos los caprichos (propios o ajenos).

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