23 diciembre 2009

Una aventura jamás imaginada, por Paula Terrazas, Las Rozas, Madrid, 11 años


PRIMER PREMIO

UNA AVENTURA JAMÁS IMAGINADA
Lema: Pauloski

Capítulo I: “Las misteriosas desapariciones”

Todo empezó un viernes cualquiera durante el otoño de 2009 en un colegio de primaria. Estábamos todos los alumnos de 6ºB cansados deseando impacientes que llegara el fin de semana. Como era habitual todos los viernes, fuimos a la cafetería a comprar chuches; ese viernes le tocaba invitar a Cris. Belén, Clara y yo la acompañamos mientras las demás esperaban abajo. Cuando ya habíamos elegido lo que queríamos, Cris se guardó las chuches en la mochila.

He olvidado mi chaqueta en clase. -Exclamó de pronto Cris. -Corre, sube rápido que te esperamos abajo- dijo Belén. Cris dejó su mochila junto a un árbol para que no estorbara y echó a correr hacia las aulas; no tardó en volver, -¿y las chuches?- preguntó Carlota. -Aquí están-, exclamó Cris abriendo su mochila. De pronto, todas pudimos ver su cara de asombro.- ¿Qué pasa?- preguntó Marta T. -¡no están! gritó Cris; un frío silencio permaneció entre nosotras durante unos segundos – creo que te dejaste la mochila abierta. -Se atrevió a sugerir Clara. -No te preocupes Cris, compraremos más la semana que viene-, la animó Marta M.

Llegó el lunes siguiente. Hasta la hora del primer recreo corto todo transcurrió con normalidad, pero cuando estábamos en el patio, Marta M., que había desaparecido, volvió donde estábamos todas y empezó a hablar muy deprisa; creo que dijo algo de su estuche. Tal y como hablaba de rápido no me enteré ni de la mitad. Por fin, fue capaz de recuperar la calma y de explicarnos que, al sentir frío en el patio, se subió a clase para coger su abrigo y vio su estuche tirado en el suelo, abierto y, comprobó que faltaban la goma de borrar y varios lápices de colores. Te habías dejado el estuche abierto. -Le recordó Marta T. -Puede ser...- Dijo Marta M. poco convencida y, añadió -De todas formas, eso no justifica que me desaparezcan la goma de borrar y varios lápices. De pronto sonó la sirena -Hay que volver a clase.-, dijo Belén. -Hablaremos de lo sucedido en el recreo largo con más calma-, propuse yo.

Durante los dos días siguientes no pasó nada extraño. Pero el jueves por la tarde, ocurrió algo un poco raro. Al volver después de clase de informática comprobamos que habían llevado los bocadillos de la merienda, como siempre, pero, ¡..Faltaban casi la mitad y el resto estaban tirados por el suelo y mordisqueados! Esto ya era demasiado, así que mis amigas y yo decidimos contárselo a Andrés, nuestro tutor. Se quedó asombrado al oír nuestras palabras.
-Hablaré con la directora para que se tomen medidas-, nos dijo. -Gracias, chicas-, añadió. -De nada-, contestamos nosotras y nos quedamos más tranquilas.

Capítulo II: “Un viernes lluvioso”

Al día siguiente, cuando me bajé del autobús de la ruta, estaba lloviendo. No me encontré con nadie conocido; subí por la pasarela yo sola disfrutando del otoñal paisaje y me apresuré para no llegar tarde a clase. Sin embargo, hubo un detalle que llamó mi atención: en el parking del colegio estaba aparcado un coche de policía. Cuando llegué a clase (un poco tarde), estaban todos mis compañeros muy nerviosos y alborotados. Nada más entrar, las chicas y algún chico formaron un grupo a mí alrededor y empezaron a hablarme todos a la vez. Yo, un poco agobiada, les conté lo que había visto en el parking. Andrés debió de oírme, porque me guiñó un ojo; yo le sonreí con complicidad. De pronto, nos mandó sentar. Dos policías se acercaron a Andrés, le dijeron algo que no pudimos oír y Andrés nos dijo: -Hoy va a ser un día muy especial. Han venido al colegio estos dos policías y, en vez de dar clase vamos a colaborar con ellos. Va a ser una especie de juego: vamos a convertirnos en policías y a investigar un caso real. Todos nos miramos asombrados: ¡íbamos a ayudarles a buscar al ladrón!

Capítulo III: “Un asombroso descubrimiento”

Siguiendo indicaciones de Andrés y de los dos policías, formamos grupos para buscar al ladrón. Los chicos formaron tres grupos y buscaron por los campos de fútbol y nosotras nos separamos en grupos de dos o tres: en uno estaban Carol y Carlota, que echaron un vistazo por la entrada del colegio y alrededores. En otro grupo estaban las Martas y Belén, que estuvieron mirando por los pasillos y las clases. Y en un tercer grupo estábamos Clara, Cris y yo; teníamos que revisar los gimnasios y las pistas de educación física pero cuando íbamos a volver, decidimos echar un vistazo al patio. Y justo en ese momento pudimos escuchar el eco de un ensordecedor grito. Reconocimos rápidamente la voz de Carlota. Clara, Cris y yo nos miramos y parece ser que pensamos las tres lo mismo, porque echamos a correr hacia la entrada. Seguro que era algo importante, porque su grito fue de pánico. Yo, apenas podía respirar. De vez en cuando, miraba hacia atrás por si veía a alguien. Al mismo tiempo seguía escuchando el retumbar de aquel chillido dentro de mi cabeza; estaba asustada y, por primera vez sentía miedo dentro del “cole”. No tardamos nada en llegar arriba y, aún pudimos ver la cara asustada de Carlota. Carol estaba a su lado e intentaba calmarla. Poco a poco fueron llegando todos y, poco a poco también, Carlota se fue relajando. Al fin estábamos todos reunidos, incluidos Andrés y los dos policías. Carlota había visto que los arbustos y las plantas se movían y al acercarse había descubierto un pequeño escondrijo que nos enseñó: allí estaban la goma de borrar (mordisqueada) y los lápices de Marta M. (mojados y mordidos), lo que quedaba de las chuches de Cris, y restos de los bocadillos desaparecidos ese mismo día. Un balón que les había desaparecido a los chicos hacía un par de días estaba también allí, pinchado y lleno de barro.

Capítulo IV: “El final será un gran comienzo”

Al volver al aula, Andrés nos dijo que tendríamos una charla con los dos policías porque nos tenían que comunicar una noticia muy importante: habían descubierto al “terrible” ladrón. Se trataba de un pobre perrito abandonado al que le encantaban las chuches y los bocadillos. Ah, y también los balones y las gomas de borrar… Y, por supuesto, le gustaba lo que más jugar con los niños. Al oír la noticia, todos nos miramos asombrados. -¿Cómo puede haber sido un perro?– me preguntó Belén, que se sienta a mi lado. Yo tenía la misma duda que ella, y creo que todos nosotros la teníamos. Marta T. nos oyó y se metió en nuestra conversación: -Debe de ser un perro muy inteligente. -Y muy valiente-, añadió Clara, que también nos había oído. En ese momento se hizo un silencio: acababan de entrar los dos policías a clase. Se colocaron junto a Andrés, de pie y uno de ellos dijo: chicos, la verdad es que nosotros también estamos muy sorprendidos. Ojalá todos los ladrones fueran como éste. Se trata de un perro abandonado que necesita un amo. Nosotros llevábamos tiempo buscando un perro policía, así que como éste parece bastante listo y valiente y él también nos necesita, hemos decidido adoptarlo, ¿qué os parece? –añadió- y antes de dejarnos responder, continuó: -debéis sentiros orgullosos; no sólo habéis resuelto un caso policial que nos tenía a todos preocupados, sino que habéis encontrado un amo para este perrito abandonado, y un perro guardián para el cuerpo de policías de vuestra ciudad. Ahora tenéis que ayudarnos de nuevo. Este perro necesita un nombre y quien mejor para ponérselo que vosotros, sus salvadores. Toda la clase nos miramos entre sí sonriendo y, parece ser que pensamos todos lo mismo, porque respondimos a coro: ¡GOLOSO! No podría existir un nombre mejor para él. Así se llamará. -dijo el policía sonriendo. A Goloso parece que también le gustó el nombre, pues al oírlo, entró ladrando y moviendo su colita.

Al salir de clase, todas las chicas formamos un grupito y nos fuimos charlando hacia la cafetería. -¿No tocaban hoy chuches?-, dijo Carol. -¡Es verdad!-, exclamó Belén. Cris sonrió. -No hace falta que invites tú, Cris- le dije, pero ella insistió. Así que, compramos las chuches y nos fuimos todas entusiasmadas a casa. Ahora si que podíamos disfrutar de un buen y merecido fin de semana, pudiendo descansar sin tener que pensar en ladrones glotones...
FIN

Una aventura jamás imaginada, por Paula Terrazas, Las Rozas, Madrid, 11 añosSocialTwist Tell-a-Friend

4 Deja un comentario:

Anónimo dijo...

Hola Pauloski,

Te escribe otra roceña orgullosa de tener vecinas como tú. Este relato tuyo y el merecidísimo premio que te han dado deberían servir para que te animes a escribir cuentos más largos, hasta que algún día llegues a ser la autora de libros para niños listos como tú.
Gracias y un besito.

Anónimo dijo...

Está muy original, sigue así, seguro que llegas lejos!

Pauloski dijo...

Muchas gracias, me alegro mucho de que os haya gustado el relato.
Seguramente escribiré mas historias divertidas y también os animo a vosotros a que escribais; además hay muchos concursos que podeis encontrar en internet.
¡¡¡Buena suerte y un beso!!!!

Lara dijo...

Hola de nuevo, paula. Puedes dejar aquí los enlaces a los concursos de cuentos que hayas encontrado en la red.
Un saludo!