27 octubre 2009

Vida de Anne Brontë


Anne Brontë nació el 17 de enero de 1820 en Thorton en el seno de una familia eminentemente novelesca como la de los Brontë, y no sólo porque de ella salieran tres grandes escritoras, sino porque sus vidas y sus circunstancias, hermano Branwell incluido, sirvieron de puntal destacado a sus obras, ya que leer las novelas de las tres hermanas es adentrarse en sus biografías. Anne era la pequeña y creció junto a los demás, desenvolviéndose en el mundo mágico de esta singular familia en la que la presencia de la muerte de los seres queridos fue una constante desde la infancia -hermanas y madre fallecidas-, marcándolos con un sello indeleble que surge en sus páginas y a través de sus poemas. (En su niñez se inventaron dos mundos a los que denominaron Gondal y Angria y sobre ellos escribían). Anne cursó estudios en la escuela preparándose para ser una institutriz, única salida de la época para las mujeres que querían, o no tenían otro remedio, que trabajar si conseguir un marido no era su objetivo. A los 19 años, entró de institutriz con la familia Ingham en Blake Hall, pero se encontró con unos niños ingobernables y consentidos a los que no le permitían educar con la disciplina que precisaban, y se marchó por propia voluntad, un tanto frustrados sus ideales educadores. Mas esta decepcionante experiencia fue luego inspiración para su primera novela Agnes Grey. Después Anne entraría de nuevo como institutriz esta vez en casa del reverendo Edmund Robinson en Thorp cerca de York, repitiéndose, con las niñas, los mismos problemas que en el anterior desempeño de su labor docente, aunque en esta ocasión, pudo, no sólo domar a sus alumnas Bessy y Mary, sino que consiguió que éstas le cobraran verdadero afecto y no la llegaran a olvidar nunca. La corta vida de Anne Brontë, desprovista de todo elemento romántico amoroso, se desliza melancólica entre sus clases, sus novelas, sus paseos por la playa de Scarborough en vacaciones, y el cuidado obsesivo que tenían las tres hermanas, Emily, Charlotte y Anne, por Branwell el niño mimado de la familia a quien se le toleraba cualquier cosa. En el caso concreto de Anne, ella compartió con su hermano la enseñanza de los niños de la familia del reverendo Robinson, al introducirlo personalmente allí con objeto de que diera clases de música al pequeño Edmund con el resultado desastroso de que Branwell se enamoró de Lydia Robinson, la madre de su discípulo, pasión que duró dos años y medio, lo que ocasionó un verdadero drama familiar para los Brontë -por no hablar ya de los Robinson-, con el joven dado a la bebida y al opio y sin posibilidad de enmienda. (El alcoholismo del joven Branwell, serviría no obstante, para que Anne escribiese una novela El arrendatario de Wildfell Hall, criticada en su tiempo, incluso por la propia Charlotte, al considerarse que no era “apropiada” debido a la crudeza del tema, como literatura femenina). La unión entre las hermanas Brontë se evidencia en que juntas hicieron muchas cosas, planearon el montar una escuela, escribieron poemas que luego presentarían bajo seudónimo masculino de Currer, Ellis y Acton Bell, librito del que se vendieron escasos ejemplares, y publicaron sus novelas de las cuales, sólo Jane Eyre de Charlotte Brontë conoció las mieles de la popularidad, siendo prácticamente anatemizada Cumbres Borrascosas de Emily, aceptada Agnes Grey de Anne y muy mal vista El arrendatario de Wildfell Hall, de la que ahora, sin embargo, comienza a hablarse apreciativamente debido a la alta calidad descriptiva de una situación muy delicada y magistralmente escrita: la influencia del alcoholismo en las vidas de quienes directa o indirectamente, lo sufren. El 24 de septiembre de 1848 muere Branwell a los 31 años, Emily no tarda en seguirle a la tumba y Anne también abandona este mundo el 28 de mayo de 1849. Los tres murieron de tuberculosis, complicada con otras cosas en el caso de Branwell, éste, que no parece poseer vida propia sino es en colaboración con la de sus famosas hermanas quienes se sirvieron de él para inspirarse: un hombre caprichoso, violento, colérico, débil de carácter y apasionado, siempre egoísta y manipulador, y del cual han quedado unos cuantos retratos hechos a las Brontë, ya que también revelaba una cierta veta artística. Los postreros días de Anne Brontë fueron tan románticos y tristes como cabía de esperar; fue apagándose como una vela y sus últimas palabras, dedicadas a la superviviente, que no se separaba de su cabecera, son estas: -Ten valor, Charlotte, ten valor. Anne Brontë reposa enterrada en Scarborough, un bello lugar costero que ella amó intensamente por haber vivido en él los momentos más felices de su breve existencia.

Fuente: si el autor del texto puede facilitarme el enlace, se lo agradezco.

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