10 octubre 2009

Todos fueron niños antes de ser mayores



Todas las biografías comienzan por un principio, aunque muchos autores de biografías (o de autobiografías) sin embargo se saltan esta fase con un par de miserables líneas. Sabemos poco de algunos hombres y mujeres famosos; otros, en cambio, como Jorge Luis Borges, Charlie Chaplin y Marilyn Monroe nos dejaron un buen caudal de datos. Quizás no tuvieran una infancia feliz, como en el caso de Chaplin y de Marilyn, o porque, por el contrario, su infancia merece mención aparte. El hecho es que a mí me gusta rebuscar en el baúl de los recuerdos de los personajes. La infancia es el momento en el que se fraguan algunas de las características de personalidad que marcarán el futuro de estos niños aun cuando ellos o ellas mismas no lo sepan.
De izquierda a derecha: Norma Jean (Marilyn Monroe), Jorge Luis Borges, Oscar Wilde, MargueriteDuras y Chales Chaplin.

Charls Chaplin
Kennington Road marca en Londres el límite de la modernidad y la falta de dinero. En el numero 287 de esa calle transcurre la infancia de Charles Spencer Chaplin, nacido el 16 de abril de 1889, hijo de dos artistas de music-hall: Hannah y Charles Chaplin, que se separan al poco tiempo.

Hannah, menuda y audaz, había abandonado su hogar a los 16 años, para trabajar como cantante en la Compañía Gordon Y Sullivan. A partir de ahí adopta el particular nombre, Lily Harley, con el que comienza una ascendente carrera. De su primer matrimonio tiene tres hijos: Guy, Wheeler y Sydney. Este último será inseparable compañero de su hermano Charlie a lo largo de toda su vida.. Su padre, Charles Chapulín de origen francés, es un excelente actor y bailarín de music-hall.

1899 es un año tumultuoso y pleno de acontecimientos políticos. Los sueldos bajan y aumentan las necesidades. Charles Chaplin olvida a menudo la pensión semanal de 10 chelines que pasa a Hannah para su manutención y la de los hijos. Al mismo tiempo se acreciente su afición a la bebida y pierde, a causa de esto, un trabajo tras otro. Abrumado por sus responsabilidades, no atina a otra solución. Vive hace tiempo con Luisa, una mujer con la que tiene un hijo, y se siente incapaz de afrontar con serenidad esa multiplicidad de obligaciones.

Pese a esto, los tres o cuatro primeros años de la vida de Charles Chaplin no transcurren, como se cree comúnmente, en la miseria. Vive con su madre y Sydney en tres habitaciones de Kennington Road y es un niño alegre y constantemente maravillado por la belleza y jovialidad de Hannah, que transforma en sketches graciosísimos, cualquier acontecimiento trivial. Pero a medida que pasa el tiempo, se le va haciendo difícil a su madre sostener ese tren de vida. Trabaja cada vez menos, a causa de su voz que comienza a volvérsele frágil e inaudible. Una noche, lleva a Charlie a una función y lo deja entre bastidores mientras canta. En un momento dado su voz se estrangula, desaparece, y Hannah, después de algunos intentos por reanudar la función, debe abandonar el escenario entre risas y silbidos. Charlie entonces, ofendido por la burla a su madre, sale a reivindicar su nombre. Y baila y canta con tanta frescura y tranquilidad, que conquista a todos aquellos que silbaban un momento antes...

Hannah ya no recupera la voz, y pierde, con ella, la posibilidad de mantenerse. Se mudan primero unas calles más abajo, a dos habitaciones y, poco después, vuelven a hacer sus valijas y se trasladan al suburbio de Lambeth, en el número 3 de Pownall Terrace. Es una buhardilla pequeña y oscura que, muchos años más tarde, Chaplin reproducirá exactamente en su película “El Pibe”. Su madre ha conseguido un trabajo de costurera al que dedica todo el día para ganar un jornal miserable. Todavía tiene tiempo, sin embargo, para hacer funciones caseras que deslumbran a Charles, basadas en la imitación de hombres y mujeres del vecindario. Hannah desarrolla en su hijo, de este modo, la capacidad de mimesis y también la de observación, al decirle por ejemplo: “ Ahí viene Jim Brown, camino del trabajo. Anoche se ha peleado con su mujer, porque sus zapatos están sin lustrar, y no se ha afeitado. Seguramente, tampoco le han dado el desayuno”. Y Charles se enteraba horas después, admirado, que lo que había predicho su madre era cierto. Y así, pasaba las tardes, reproduciendo la voz de uno, los andares de otro, o los vicios de pronunciación de su casera.

Pero la situación de la familia es cada vez más angustiosa. La buhardilla es fría y húmeda, y Hannah se descorazona. Habla con Sydney y Charles, y después de proponer soluciones más o menos descabelladas, deciden pedir refugio en el asilo de Lambeth. Cuando llegan ahí, separan a Hannah de sus hijos y a partir de entonces, se ven sólo una vez por semana. Poco después trasladan a Charles y Sydney al asilo Hauwell, alejándolos definitivamente de su madre.

Al poco tiempo Sydney, que tiene ya once años, cambia Hauwell por el buque-escuela Exmouth. Piensa hacer dinero en la marina. Pero para entonces, Hannah ha vuelto a recuperar fuerzas y, con su habitual optimismo, va en busca de sus hijos. Vuelven los tres a Pownall Terrace y ella retoma su trabajo de costura. Pero la vida en familia dura esta vez unas pocas semanas. La salud de Hannah es cada vez más frágil; adelgaza, se agota. Terminan por regresar al asilo afrontando una nueva separación que es, para Charles sobre todo, muy dolorosa. Adora a su madre, y aunque es muy chico y se siente capaz de las mayores hazañas. Es un gigante de cinco años, que espera la fama.

Al poco tiempo de su reingreso al asilo, les anuncian a los hermanos la internación de su madre en un manicomio de Cane Hill, otra de esas instituciones victorianas, dependientes de la caridad pública. La desnutrición y la pena han debilitado su razón.

Los recoge su padre, que los lleva a su casa de Kennigton Road, donde vive con Luisa y su otro hijo. Se suceden escenas desagradables, Más de una vez, Charles duerme afuera, o se sienta en el cordón de la vereda a esperar a su padre, que regresa al amanecer, borracho y enfermo.

A los pocos meses se abren para Hannah las Puertas de Cane Hill, y corre en busca de sus hijos, para volver a Pownall Terrace, que es el punto de reunión de la familia en esa época. Todo parece consistir en juntar una y otra vez sus escasas ropas, salir y entrar sucesivamente de asilos y buhardillas y regresar finalmente al 3 de la calle Pownall, que es verdad, el único lugar más o menos permanente que Charles puede considerar su hogar. Pero esta vez se proponen firmemente salir de dificultades. Sydney vuelve a pensar en el mar. En la marina ha aprendido el oficio de trompeta, y ahora lo contratan para un extenso viaje por América del Sur y África. Antes de embarcar, entrega a su madre 35 chelines de su primera paga. Hannah baila en la habitación. Se siente afortunada. Con esa suma, alquilan ella y Charlie dos habitaciones en la calle Chester. Mientras tanto, el empresario de su madre consigue para Charles un papelito en la Compañía de los “Ocho Muchachos de Lancashire”.Comienza su aprendizaje.

Marilyn Monroe
La infancia de Marilyn Monroe, cuyo verdadero nombre era Norma Jean Morteson , fue sombría y dejó una huella demasiado profunda en el alma de la artista.

Fue hija de una pobre mujer que trabajaba como ayudante de costutera en los estudios de la R.K.O., en Hollywood, llamada Gladys Monroe, y de un inmigrante noruego de nombre Martin G, Mortenson. Este fue el segundo marido de Gladys, pues el primero, John N. Baker, se divorció de ella a los pocos meses de casados. Monteson abandonó a Gladys cuando Norma Jean, la hija de ambos, apenas habiá cumplido cuatro meses.

La infelicidad de la infancia de Norma Jean no provino del hecho de que su madre fuera pobre, sino de la enfermedad mental que ésta padecía, que la sumergía en profundas depresiones, causa de que fuera internada periódicamente en instituciones psiquiátricas. Cuando esto sucedía, Norma Jean debía ser enviada a hogares sustitutos o a orfelinatos, por lo que nunca supo durante sus primeros años a quien lammar "madre". siempre anduvo rodando de una familia a otra.

Antes de llegar a la adolescencia, Norma Jean había recorrido hasta once hogares sustitutos, en los que nos iempre fue bien tratada, pues algunos de sus padres adoptivos la golpeaban cuando cometía alguna falta, y otros se aprovechaban de ella, pues ya poseía el atractivo que la convetiría ne la máxima atracción del sexo masculino. Norma Jean no padeció hambre, pero su vida estuvo muy lejos de ser perfecta, puesto que siempre sefrió la sensación de ser un estorbo para los demás.

Después de haber tenido sucesivamente tres familias adoptivas, antes de ser devuelta a su madre, en 1935, a los 9 años, fue a parar a un orfelinato, pues su madre sufrió una recaída y fue enviada por un largo período al hospital. En esta época Norma Jean, que no acababa de entender por qué teniendo mamá debía andar de un hogar a otro para caer finalmente en el orfelinato, comienza a refugiarse en los sueños que se harían realidad años más tarde.

Es posible que en los años treinta la mayor parte de las jovencitas, sobre todo las que sufrían una vida desdichada, soñaran en convertirse algún dia en estrellas del cine, pero para Norma Jean, que vivia en los Angeles, capital de la cinematografía, y que devoraba de cerca con la mirada a las estrellas sobre la acerca del Teatro Chino de GFaumont, el sueño no parecia tan irreal.

Pasaba de una escuela a otra, según fuera el barrio donde vivía sus padres adoptivos del momento, y en ningún rato nadie jamás advirtió que la pequeña Norma Jean tuviera posibilidades artíisticas, ningún talento escondido, de actriz, de cantante o de bailarina, Sin embargo, ella soñaba con ser una superestrella como las que de pequeña había visto en los estudios de la R.K.O., cuando su madre la llevaba al trabajo.

A los 12 años descubrió que podía atraer instantáneamente la atención de los muchachos. Pronto se le vio en la neverías, en la playa, o en las cafeterías del barrio, rodeada siempre de jóvenes admiradores.

A los 15 años la llevaron a vivir a la casa de Ana Lower, una dama muy católica que logró convencer a Norma Jean de ir a misa todos los domingos. Pero esta dama puritana se alarmó del proceder de la precoz adolescente, que atraía las miradas masculinas al transitar por las calles, y pensó que la mejor solución para poner fin a sus preocupaciones, era el matrimonio.

Oscar Wilde
Oscar Fingal O’Flahertie Wilde nació en Dublín el 16 de octubre de 1854, en el seno de una familia acomodada y culta en la que el padre, sir William Wilde, aparte de ejercer la carrera de medicina, escribió y público libros sobre arqueología y folklore y la madre Jane Francesca Elgee, poetisa, especialista en mitos celtas y revolucionaria, fue una singular mujer cuya influencia resultó decisiva en la infancia de Oscar Wilde, ya que unía al temperamento una gran imaginación, que, sin duda, heredó su hijo, obligado en la niñez a vestir como una nena –por otra parte costumbre bastante extendida en la época-, en imagen substitutiva de su hermanita muerta a temprana edad.

Oscar y la madre coincidieron en grandes y pequeños detalles, amaban los mismos colores, se quitaban años, decían que eran descendientes de Dante sin serlo, se confesaban de naturaleza rebelde, furiosa y excesiva.

El padre, Mister Wilde, era pequeñazo. Oscar resultó gigantón como su madre. Su pequeño papi con una "casa chica" produce tres hijos ilegítimos y deja en la herencia mental de Oscar este amor a los amores paralelos y clandestinos y el despilfarro.

Si el padre gastó mucho dinero en amantes mujeres, su célebre hijo lo hacía con muchachos.

No quiso ser padre y al nacer sus retoños, se alejó de ellos y de su mujer. Oscar Wilde aspiró a no ser como su propio padre y acabó siéndolo, dejando a sus vástagos también en manos de la madre.

Jorge Luis Borges
El 23 de agosto de 1899 nace Jorge Luis Borges en Buenos Aires, hijo de Jorge Guillermo Borges y Leonor Acevedo, en la casa familiar de la calle Tucumán, entre Esmeralda y Suipacha. (Borges solía hablar de dos tradiciones heredadas de sus antepasados, una militar y otra literaria: en la primera se destacan el coronel Isidoro Suárez, bisabuelo materno que "a la edad de veinticuatro años dirigió una famosa carga de caballería peruana y colombiana que decidió la batalla de Junín" y el coronel Francisco Borges, abuelo paterno fallecido en la batalla de La Verde (1874); en la tradición literaria se encuentran el poeta romántico Juan Crisóstomo Lafinur y Edward Young Haslam, bisabuelo paterno que editó en Argentina uno de los primeros periódicos ingleses, el Southern Cross).
Infancia en Palermo
En 1901, tras el nacimiento de su hermana Norah, la familia decide mudarse a una casa más amplia de Palermo, barrio en el que Borges conocerá con el paso del tiempo las andanzas de diversos compadritos que pueblan sus ficciones y decidirá su vocación literaria, promovida por el padre y la frecuentación de su amplia biblioteca "de ilimitados libros ingleses". En 1906, como su padre desconfiaba de la educación pública, Borges toma sus primeras lecciones en inglés con una institutriz británica, miss Tink. Tres años después ingresa en la escuela primaria (cuarto grado), donde soporta las burlas de sus compañeros debido a sus lentes y el cuello y la corbata estilo Eton con que lo envían a clase. Por esta época la familia pasa sus vacaciones de verano en Adrogué, pueblo cercano a Buenos Aires, o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo.

Margarite Duras
Nacida en Saigón (en la actualidad, Ciudad Ho Chi Minh), 4 de abril de 1914, pasó su infancia y adolescencia en la Indochina Francesa (cambió su nombre en 1943, por el de una villa de Lot-et-Garonne, donde estaba su casa paterna), experiencia que la marcó profundamente e inspiró muchas de sus obras. En 1932 vuelve a Francia. Estudió Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. Trabajó como secretaria en el ministerio de las Colonias de 1935 a 1941.

Una madre inquisitiva, la sombra presente del padre muerto, sus dos hermanos, el mayor de ellos realmente pusilánime, y ese amante nativo –un poco lerdo en la vida real- que un día apareció con una limusina negra en un trasbordador sobre el río Mekong. Son personajes reales que una adolescente como Duras amaba y odiaba por igual y sólo la partida a Francia le permitió liberarse de ellos, aunque nunca pudo borrarlos de la memoria. En sus páginas tampoco encontraremos un solo atisbo de la típica historia de la infancia sobre patitos feos que terminarán convirtiéndose en hermosos cisnes. “Hasta donde recuerdo, -escribió Duras- mi infancia se desarrolló en una luz desértica y cruda, lo más lejos del sueño que cabe imaginar.” La niñez de Duras en la colonia francesa fue de todo menos un cuento de hadas. Y la escritora la rememora en estos apuntes literarios con toda su crudeza y sus miserias, a quemarropa, sin tristeza poética fingida alguna, con el alma destrozada a jirones, sin ninguna compasión hacia sí misma ni hacia los demás miembros de su familia.

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