28 octubre 2009

Los niños en la India


¡Qué diferente es la educación en la India de la educación en nuestras escuelas! Ojalá en nuestras escuelas los niños hicieran yoga, aprendieran a coser y a cocinar y labrar gemas! Ya sé que allí lo hacen porque los niños deben comenzar a trabajar desde muy temprano, pero no cabe duda de que es una educación para la vida, integral. Leed el artículo de Esteban Peicovich:

"Una escuela en India, en el estado de Tamil Nadu"

¿Cuántos niños hay aquí? (mira la imagen debajo...)

No es fácil saberlo. Se trata de una “escuelita” india, país donde todo es incontable. Las hay mayores. En ésta, del estado de Tamil Nadu, pasan por día más de 2.000 niños. Reciben clases de tamil, inglés, ciencia, matemáticas, ciencias sociales y educación física. También participan en otras tradicionales como danza (bharata natiam) y canto (sanguitam), música, drama, yoga, arte, y las muy prácticas sastrería, cocina, jardinería, dactilografía, y labrado de gemas. No es muy difícil averiguar en cual de ellas están en este momento. Los sorprendemos en el instante previo a que como si fueran un solo niño sumen un “Ohm” gigante que convertido en globo de sonido se eleve hasta perderse en la cautivante geografía india. Desde que los yoguis de la India comenzaron a desarrollar las posturas o sanas del yoga, lo hicieron inspirándose en animales y plantas. Los chicos indios lo sienten como juego. El yoga es su recreo.

Imitar los movimientos y sonidos de la naturaleza además de alegrarlos les da la primera oportunidad de penetrar (de “ir dentro”) en otro ser vivo y pretender o imaginar ser algo más y diferente de lo que se es. Una vaca o una rana o un árbol. Si asumen la posición o postura de león (simhasana), experimentan su poder y comportamiento a la vez que su propio sentido del poder. El yoga para niños integra juegos, historias, música y lenguaje en un acercamiento holístico de cuerpo, mente y espíritu. Por tradición y resultados la India encuentra en esta práctica milenaria el mejor antídoto contra los mensajes violentos y caóticos que por diversas canales globalizados arriban hasta la infancia del país. También sobre los de Tamil Nadu. Y los cuidan.En minutos, esta plácida secuencia variará y resonará según cada niño haya querido imaginarse: planta, guerrero, flor, animal, dios. Uno mugirá pendulando lento como la vaca. Otro ladrará en posición de perro. Habrá jirafa o un…. Una fiesta.

Ser indio es más complejo que ser argentino. Son más de 1.000 millones que hablan 16 idiomas y 800 dialectos (pero se entienden en indi e inglés) Que profesan todas las religiones (pero su estado es laico) Que viven bajo un sistema de castas (pero con república democrática). Con 350 millones al borde del hambre (pero entre ex príncipes y reyes modernos). Con el 50 por ciento de analfabetos (pero con varios satélites lanzados por cohetería propia). Que dio al mundo a Gandhi (pero también la cruz svástica) Que practica la no violencia (pero hizo explotar su propia bomba atómica). Un país donde se cree en esta vida (pero también en varias otras…) Esta suma de contrastes singulariza aun más el sentido de la fotografía coral que contemplamos. Esto se puede hacer aún en el contexto de un país al que le sobran motivos para ser ingobernable. Y no lo es.



La vida urbana y suburbana india aun muestra lamparones de su pasado. Adultos con ojos vaciados. Chicos con huellas de tracoma. Adolescentes de cincuenta años. Viejos en taparrabos. Mujeres portando su casa sobre la cabeza. Familias en carpas color barro o echadas en catres cochambrosos. Esta película viva se despliega entre espesos y picantes olores, la más bella disparidad de colores y el sobrevuelo bajo, continuo y fatal de buitres, águilas y cuervos. Vacas que se “saltan” los semáforos. Camellos tirando carros. Búfalos llevando gente. Oleadas de peatones, biciclos y triciclos que forman cintas sin fin interactivas como hormiguero. Una India distinta se alza lejos de las grandes ciudades. Allí son posibles experimentos como el educacional del Ashram que muestra (y sobre todo nos muestra) la fotografía. La India son mil Indias con miles de años de edad. Con cientos de millones bajo el castigo del monzón, las bodas por dote y el arribo anual de 20 millones de seres (media Argentina) que se agregan a la que es la democracia más grande del planeta. Para los indios no existe el pasado ni fuerza alguna que divida el tiempo. Ellos creen que la eternidad sucede ahora. Los chicos de Tamil Nadu también. ¿No habrá alguna manera de hacerlo aquí, pero con adultos?

Artículo de Esteban Peicovich, en Igooh

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