24 octubre 2009

La bella historia del Taj Mahal


Cuenta la historia que … Sha Jahan paseaba por un bazar cuando en uno de los puestos vio a una joven de la que se enamoró perdidamente. Arjumand irradiaba belleza, pero el joven, impresionado, fue incapaz de abrir la boca y decirle cuánto había sentido al verla. Hubieron de pasar cinco años, un matrimonio y dos hijos, pero sus recuerdos y aquella mirada penetrante le martilleaba el corazón desde aquel día en el bazar. Al fin, Sha Jahan se decidió y la buscó.

Iniciaron así una relación perseguida por su progenitor, el emperador. Sin embargo, con el paso del tiempo demostraron su amor, y la joven se ganó el favor del padre de Sha Jahan. Al fin, consintieron en su matrimonio y la joven, Arjumand pasó a ser conocida como Mumtaz Mahal, la “Elegida de Palacio”. El amor de ambos parecía no tener límites. Se adoraban y lo demostraban a cada momento. No se separaban y vivían siempre pensando el uno en el otro. Mientras ella le acompañaba en cada campaña militar en la que participaba el joven, él no dejaba de hacerle regalos y cuidarla en cada descanso de sus batallas. Y en esa situación, y tras la muerte del emperador, Jehangir, Sha Jahan accedió al trono.

Pero… la desgracia no tardaría en llegar. Doce hijos habían tenido ya, y el amor era aún más fuerte que el primer día. Estando en el campo de batalla de Burhanpur, fue avisado de que el decimotercer parto de su mujer se había complicado. Desesperado lo dejó todo y corrió a su encuentro. Sin embargo, nada pudieron hacer los doctores por salvarla. Arjumand, su amada Mumtaz Mahal, falleció al dar a luz a su hijo.

Corría el año 1630 y todo cambió en la vida del Emperador. Quedó vacía para siempre, y sólo y abatido se encerró en el Fuerte Rojo que se levantaba en la orilla del río Yamuna. Allí pasó los últimos años de su vida, pero antes ordenó que al otro lado del río se construyera un mausoleo para su amada que perdurara en el tiempo, como muestra de su amor eterno. Abandonado por todos, despojado por sus sucesores de su propio reino, pasaba cada día mirando por las ventanas del Fuerte cómo piedra a piedra iban construyendo la morada eterna de Arjumand. Dieciocho años más tarde, ya finalizado el Taj Mahal, en el 1648, los restos de Mumtaz Mahal fueron trasladados al Mausoleo.

Años después, cuando Sha Jahan murió, también fue enterrado en el Taj Mahal, donde al fin, ambos pudieron descansar unidos para siempre…

Fuente: sobreindia.com

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