06 octubre 2009

Joaquín Torres García

Torres García vivía en el otro extremo de París, en la calle Marcel-Sembat, cerca de la puerta de Montmartre. Habitaba un apartamento en la planta baja, con una cochera bastante espaciosa que había podido transformar en taller. La iluminación allí era mediocre, pero reinaba una atmósfera de una vivacidad incomparable que suplía la falta de luz con un desbordamiento dinámico constante. Los cuatro niños de Torres García eran los reyes allí. Arp recuerda como yo, los disfraces de indios con grandes plumas y el arco tendido que, desde la entrada, apuntaban al visitante. Juegos y empujones se sucedían entre las telas totalmente frescas, las construcciones frágiles, los manuscritos y los dibujos extendidos sobre las mesas.

Si paradójicamente, los niños no parecían estorbar en absoluto al pintor en su trabajo, es porque eran sus principales colaboradores, sus principales discípulos, y él mismo los admiraba. Obtenía de ellos, cada día, muchas enseñanzas, se sentía hijo de sus obras. Nunca vi una ósmosis tan perfecta entre hijos y padre.

(Extracto de El estilo y el grito, ed. Monte Avila, Caracas, Venezuela, 1970.)

Joaquín Torres García, nacido en Montevideo en 1874, emigra pronto a Barcelona, donde destaca como uno de los principales impulsores de la vida artística e intelectual. En 1920 comienza un periplo que lo llevará por Nueva York, Italia y París, donde se establece en 1928, y elabora su sistema estético-filosófico, el Universalismo Constructivo. En 1934 regresa a Uruguay. Fallece en 1949 dejando un enorme legado y un sinfín de discípulos.

Para visitar el Museo Torres García, y leer más sobre él y su obra, clica aquí.


Además de visitar el Museo, en la tienda puedes encontrar de todo: camisetas, vasos, material de oficina y papalería, juegos para niños, material para pintar y modelar, libros y catálogos.

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