11 octubre 2009

Ingmar Bergman «En menos de un segundo, puedo volver a mi infancia»

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Fårö es una pequeña isla del Báltico donde los inviernos duran demasiado y los vientos gélidos retuercen los enebros hasta convertirlos en alfombras. Pero era el único lugar de la Tierra donde Ingmar Bergman se sentía seguro y a salvo. Allí vivía desde los años 60, cuando descubrió el inhóspito lugar buscando localizaciones para su película "A través de un cristal oscuro" (Såsom i en spegel, 1961), y allí murió el pasado 30 de julio, mientras dormía, a los 89 años de edad. Bergman —uno de los mejores directores del mundo, emblema del cine serio, famoso por explorar el lado más oscuro de la naturaleza humana— no se cansaba de repetir que toda su obra está relacionada con su niñez. «Creo que todo lo que he hecho, cualquier cosa de valor, tiene sus raíces en mi infancia», dijo en una entrevista. «Yo puedo, en menos de un segundo, volver directamente a ella».

Bergman siempre mantuvo un canal abierto con su infancia. «A veces, por la noche, cuando estoy en el límite entre el sueño y la vigilia, puedo entrar por una puerta a mi niñez y todo está como estaba entonces, con las luces, los olores, los sonidos, y la gente... Recuerdo la calle silenciosa donde vivía mi abuela, la agresividad del mundo de los mayores, el terror por lo desconocido y el miedo a las tensiones entre mi padre y mi madre», dijo en una entrevista para The New York Times.

Dirigió 62 películas, la mayoría de las cuales también escribió, y unas 170 obras de teatro. Se mantuvo muy activo durante más de 60 años. Sus guiones traspasaron todas las fronteras y su arte irrepetible no decayó con el paso del tiempo, como les ocurrió a otros de los mejores directores (Federico Fellini, Jean Renoir). Recientemente, Woody Allen dijo que Bergman ha sido «probablemente el mayor artista cinematográfico, teniendo en cuenta todos los aspectos, desde la invención del cine».

La que iba a ser su última película, "Fanny y Alexander" (Fanny och Alexander, 1982), está considerada como una de sus tres mejores obras, junto a "El séptimo sello" (Det Sjunde inseglet, 1957) y "Fresas salvajes" (Smultronstället, 1957). Ganó con ella un Oscar y un Globo de Oro, y anunció que dejaba el cine. Aunque dirigió varios especiales para la televisión, escribió varios guiones y sorprendió con Saraband, (Saraband, 2004), Bergman dedicó más tiempo a leer, escuchar música y a ser simple espectador en su pequeño establo reconvertido en sala de proyecciones. Dicen que le gustaba tomar manzanilla, galletas Brago (típicas suecas) y ver la televisión.

En una entrevista concedida a la televisión sueca en el 2004, realizada por Marie Nyreröd, Bergman confesó que no solía ver sus propias películas: «Me siento tan alterado, y me entran deseos de llorar. Me siento fatal. Creo que es espantoso».

La relación con sus padres inspiró casi todas sus obras. En "Fanny y Alexander", Bergman vuelve a tener diez años. Alexander es Ingmar, en gran parte. Aparecen en esta película el piso de la abuela, el miedo a un padre estricto y con arrebatos de mal carácter, la experiencia del castigo físico, la emoción indescriptible de jugar con su teatro de juguete, el miedo a ser encerrado en un armario, el placer de mentir para evitar el castigo, ... Todo forma parte de los recuerdos de la infancia de Bergman, que se relatan en su libro de memorias "Linterna Mágica".

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