19 octubre 2009

El origen de las revistas



Las publicaciones actuales tienen sus raices en los panfletos, almanaques y otras hojitas impresas que, lentamente, comenzaron a aparecer a intervalos regulares. Las primeras revistas reunían una gran variedad de materiales para enfocar intereses particulares. Una de las pioneras fue una publicación alemana: Erbauliche Monaths-Unterredungen (Discusiones Mensuales Edificantes), que apareció entre los años 1663 y 1668. Pronto surgieron otras periódicas en Francia, Inglaterra e Italia; para la decada de 1670 vieron la luz algunas más, ligeras y divertidas. La preliminar de todas ellas fue Le Mercure Galant, en 1672, que más tarde se llamó Mercure de France. A comienzos de siglo XVIII Joseph Addison y Richard Steele crearon The Tatler (1709-1711), la cual aparecía tres veces por semana. Algunas publicaciones, poco a poco, salían al público todos los días, y fue así como los diarios y las revistas tuvieron un origen común. La Encyclopaedia Britannica las define como “una colección de textos (ensayos, artículos, reportajes, poemas), muchas veces ilustrada, que aparece a intervalos regulares”.

Blackwell y Leslie (2000, p.7) indican que las primeras revistas aparecieron en Inglaterra a principios del siglo XVIII como simples semanales que trataban temas de política y cultura pero de manera más analítica y profunda que la prensa, por lo cual también eran más polemicas.

Esta idea, de un material impreso más simple y entretenido, se comenzó a propagagar por el mundo cuando los américanos imitaron este estilo, de manera que poco a poco fue llegando a distintos países, en donde se fueron personalizando de acuerdo a la cultura y a los avances.

Según el sitio web deconceptos.com (2008) las primeras revistas que trataron temas de interés general, tales como moda y actualidad, aparecieron a finales del siglo XVII.

Las revistas no parecían realmente revistas hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Las primeras revistas, en los 1700s, parecían más bien libros...

Las revistas comenzaron como panfletos corteses en los cuales los hombres letrados exponían sus puntos de vista, en ensayo o sátira. Daniel Defoe comenzó la primera revista inglesa, El Estudio, durante o enseguida después de su encarcelamiento para criticar a la iglesia de Inglaterra. Su propósito: un estadista o un hombre de letras ofrece su comentario, críticas y sátira al gusto del público de la influencia. Con el el curso del tiempo, los lectores se veían influidos por la regularidad de su punto de vista. La forma de El Estudio fijó la forma para los diarios británicos: cuatro pequeñas páginas, impresión densa, pocos ejemplos (excepto ciertas fuentes tipográficas y grabados) con contenidos llenos de sarcasmo.

José Addison, gran moralista y crítico social, imitó la forma en sus ensayos para el Tatler de su amigo Richard Steele convirtiéndolo en el más famoso de los diarios británicos tempranos: un diario 8 x 12-1/2" papel de una página, impreso en ambos lados. Impresión minúscula, sin imágenes, con un formato quizá mitad de una columna de anuncios clasificados de hoy. Los historiadores la consideran una revista porque en vez de noticias, editaban comentarios.

Addison introdujo el ensayo informal corto y la historia corta de ficción en su revista.

Los americanos coloniales crearon sus revistas siguiendo el mismo estilo. Desde Addison, las personalidades literarias/del arte prominentes utilizan las revistas como uno de los vehículos más accesibles para dar a conocer  sus puntos de vista. Las revistas que crean no eran generalmente populares, pero sí influyentes.

En gran medida, las revistas de nuestro tiempo, La Nueva República, el Monthy Atlántico, Harper, Weekly Standard, continúan simplemente esa tradición. Las revistas de los Dadaistas de los años 20 y de los años 30 combinaron las dos formas, la de panfletos y la prensa elitista.

Pero hasta los 1880s, solamente las clases altas leían las revistas. Eran pequeños libros de cubierta suave, llevando las historias que apelarba a un público educado. El populacho leía periódicos y los diarios sensacionalistas semanales. Las revistas eran costosas, en parte porque la tecnología de la época limitba tiradas de no más de 100.000 copias.

Sl más, hasta que el Congreso de los EE.UU. creara el correo de segunda clase en 1879, la oficina de correos americana dispensaba solamente las revistas en distancias cortas, a un alto coste.

El R. Hoe y la prensa rotatoria del Co. consiguieron una impresión de tantas copias como los editores quisieron. Al mismo tiempo, algunos editores intentaron apelar a las clases media y baja, reduciendo sus precios.

En 1883, el editor Escocia -nacido S.S. McClure- redujo el precio de la revista McClure de interés general a solamente 15 centavos. Fue un gran acierto. Su editor rival, Frank Munsey, bajó el precio de su revista de 25c a 10c. Toda revista importante recortó repentinamente sus precios con lo cual aumentó su circulación. (A más copias impresas, más barato era el coste de la producción.) El ciudadano medio había estado interesado siempre en literatura y el comentario, pero hasta entonces no había tenido acceso a estas publicaciones. Las revistas dejaron para ser meros panfletos, y se convirtieron en medios de comunicación.

Má adelante, Munsey, sensible al gusto occidental, introdujo los primeros desnudos femeninos (subtitulados como “arte ") en América.

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