06 octubre 2009

El metro de Moscú



Más allá de los maravillosos edificios que enmarcan a la hermosa Plaza Roja de Moscú, esta ciudad no tiene nada que envidiarle a algunas otras capitales europeas. Sobre todo si tenemos en cuenta sus medios de transporte público.

El metro de Moscú es el mejor ejemplo para dar cuenta de las características de esta ciudad. Esta red de subterráneos comunica los puntos más diversos de la ciudad y es conocida en el mundo entero por ser una de las redes más completas y dinámicas del mundo. Con 156 estaciones, el metro cubre cerca de 260 kilómetros trasladando a unos 10 millones de pasajeros cada día.

Más allá de su versatilidad, lo cierto es que viajar en el metro de Moscú es una invitación a descubrir parte del pasado del país. Porque esta red no estuvo exenta de los vaivenes políticos que acontecieron en Rusia durante el siglo XX. Moscú fue fundada en una colina con cuevas cársticas y desde su nacimiento la ciudad representa la estructura del universo: se decir, las torres simbolizan el cielo (el mundo superior), los edificios reflejan la tierra (nuestro mundo) y el subterráneo (sótanos, pasos subterráneos y el metro) es el mundo inferior. Siguiendo este esquema, la iglesia ortodoxa no permitió construir el metro antes de la Revolución Rusa debido a que el área subterránea era el reino del Diablo y allí Jesús no tenía poder.

Fue finalmente en 1932 cuando comenzaron las obras de construcción, fabuloso proyecto que finalizó en 1935 cuando se abrieron algunas estaciones. Para el año 1954 la extensión total de las líneas superaba los 60 kilómetros y abarcaba 40 estaciones, muchas de ellas decoradas exquisitamente. Porque si hay algo en lo que se han detenido los rusos es en el arte. Digno de una ciudad que presta atención a la cultura, las estaciones del metro de Moscú son como pequeños museos en donde pinturas y decoraciones soberbias atraen la mirada de los pasajeros que cada día emprenden viaje hacia sus destinos.

Algunas de ellas incluso han sido diseñadas por maestros de arte internacionales, como la estación Prazhskaya, a cargo de un grupo de artistas checos; Rimskaya, decorada por maestros italianos o Rizhskaya, una estación en cuyas paredes se pueden ver pinturas de distintos artistas de Letonia.

Fuente: viajeaeuropadeleste

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