24 octubre 2009

Criptogramas: guarda el secreto


Del Antiguo Egipto a la era de los ordenadores, los mensajes cifrados, criptográficos o encriptados, han jugado un papel destacado en la Historia, como arma militar, y para diplomáticos y espías; también son hoy en día la mejor arma de protección de las comunicaciones y datos que viajan por Internet...

Desde la Antigüedad, el hombre se las ha ingeniado para garantizar la confidencialidad y mantener en secreto sus comunicaciones. La criptografía (del griego kryptos, "escondido", y graphein, "escribir"), el arte de enmascarar los mensajes con signos convencionales que sólo cobran sentido a la luz de una clave secreta, nació con la escritura (esclavos con textos grabados en su cuero cabelludo, alfabetos de extraños símbolos, escritos de tinta simpática, secuencias interminables de números... ). Su rastro se encuentra ya en las tablas cuneiformes: los papiros demuestran que los primeros egipcios, hebreos, babilonios y asirios conocieron y aplicaron inescrutables técnicas de encriptación. La encriptación es por tanto, el proceso de volver ilegible para el que desconoce la clave, una información considerada importante o altamente secreta. La información una vez encriptada sólo puede leerse aplicándole una clave. Se trata de una medida de seguridad que es usada para almacenar o transferir información delicada que no debería ser accesible a extraños (o enemigos). Pueden ser contraseñas, números de tarjetas de crédito, conversaciones privadas, etc.

Para encriptar información se emplean fórmulas matemáticas complejas y, para desencriptar, se debe usar una clave que permita poner al descubierto dichas fórmulas.

Las dos técnicas más sencillas de cifrado, en la criptografía clásica, son la sustitución (que supone el cambio de significado de los elementos básicos del mensaje -las letras, los dígitos o los símbolos-) y la trasposición (que supone una reordenación de los mismos); la gran mayoría de las cifras clásicas son combinaciones de estas dos operaciones básicas.

Un método decodificación criptográfica clásica consiste en sustituir palabras o frases, para ocultar el mensaje: "cielo azul" podría significar «atacar al amanecer». Otro método es el de las cifras clásicas que normalmente sustituyen o reordenan los elementos básicos del mensaje -letras, dígitos o símbolos-; en el ejemplo anterior, «rcnm arcteeaal aaa» sería un criptograma obtenido por transposición. Cuando se usa una técnica de códigos, la información secreta suele recopilarse en un libro de códigos.

La historia de la criptografía es larga y abunda en anécdotas. Ya las primeras civilizaciones desarrollaron técnicas para enviar mensajes durante las campañas militares, de forma que si el mensajero era interceptado o capturado por el bando enemigo, la información que portaba no corría peligro de ser descubierta. Posiblemente, el primer criptosistema que se conoce fuera documentado por el historiador griego Polibio: un sistema de sustitución basado en la posición de las letras en una tabla.

Otro de los métodos criptográficos utilizados por los griegos fue la escítala espartana, un método de trasposición basado en un cilindro que servía como clave en el que se enrollaba el mensaje para poder cifrar y descifrar.

En 1465 el italiano Leon Battista Alberti inventó un nuevo sistema de sustitución polialfabética que supuso un gran avance de la época. En el siglo XVI el francés Blaise de Vigenère escribió un importante tratado sobre "la escritura secreta" y que diseñó una cifra que ha llegado a nuestros días asociada a su nombre.

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, el interés de los monarcas por la criptografía fue notable. Las tropas de Felipe II emplearon durante mucho tiempo una cifra con un alfabeto de más de 500 símbolos que los matemáticos del rey consideraban inexpugnable. Cuando el matemático francés François Viète consiguió criptoanalizar aquel sistema para el rey de Francia, Enrique IV, el conocimiento mostrado por el rey francés impulsó una queja de la corte española ante del papa Pío V acusando a Enrique IV de utilizar magia negra para vencer a sus ejércitos. Por su parte, la reina María Estuardo, reina de Escocia, fue ejecutada por su prima Isabel I de Inglaterra al descubrirse un complot de aquella tras un criptoanálisis exitoso por parte de los matemáticos de Isabel.

Durante la Primera Guerra Mundial, los Alemanes usaron el cifrado ADFGVX. Este método de cifrado es similar a la del tablero de ajedrez Polibio. Consistía en una matriz de 6 x 6 utilizado para sustituir cualquier letra del alfabeto y los números 0 a 9 con un par de letras que consiste de A, D, F, G, V, o X.

A partir del siglo XX, la criptografía usa una nueva herramienta que permitirá conseguir mejores y más seguras cifras: las máquinas de cálculo. La más conocida de las máquinas de cifrado posiblemente sea la máquina alemana "Enigma" que automatizaba los cálculos necesarios para realizar las operaciones de cifrado y descifrado de mensajes.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la criptografía tiene un desarrollo teórico importante. Los avances en computación automática suponen tanto una amenaza para los sistemas existentes como una oportunidad para el desarrollo de nuevos sistemas. El origen de la informática contemporánea durante la Segunda Guerra Mundial parece estar relacionado con los esfuerzos de matemáticos extraordinarios, como los del inglés Turing, para desarrollar algoritmos (en matemáticas, ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo es una lista bien definida, ordenada y finita de operaciones que permite hallar la solución a un problema) capaces de descifrar los códigos del enemigo.

No es de extrañar en la era de la información, basada en la comunicación de todo tipo de mensajes, lo que era una arcana tecnología matemática relegada a los dispositivos secretos de los servicios de inteligencia de los Estados se haya convertido, en el espacio de dos décadas, en la tecnología clave para el desarrollo del comercio electrónico, para la protección de la privacidad, para el ejercicio de la libertad y, también, paradójicamente, para nuevas formas de control en Internet.

Edgar Allan Poe y los criptogramas



Edgar Allan Poe es considerado uno de los grandes escritores de lo misterioso y sobrenatural que vivió una vida bañada en desgracias. Poe obsesionado con la muerte, tema central de muchas de sus historias como "The tell-tale-heart", pudiera haber ocultado sus palabras en un impenetrable criptograma.

Poe estaba también fascinado por la criptografía. Uno de sus libros "El escarabajo de oro" se centra el descifrar un mensaje que indica el paradero de un tesoro pirata. En sus poemas hay también mensajes ocultos.



En una serie de artículos que empezó a publicar en la revista Alexander's Weekly Messenger en diciembre de 1839, desafió a sus lectores para que le enviaran criptogramas. Él los descifraría. En los seis meses siguientes publicó la solución a los criptogramas recibidos y comentó sus puntos de vista sobre la criptografía. En mayo de 1840 Poe dejó de escribir en el Messenger, pero al año siguiente publicó en el "Graham's Magazine" un artículo titulado "A Few Words on Secret Writing" (Unas pocas palabras sobre la escritura secreta). En este artículo y en los que le siguieron afirmaba que había descifrado los aproximadamente cien criptogramas recibidos en el Messenger.

Fuentes:
es.wikipedia.org
rinconquevedo.iespana.es
uoc.edu
ecojoven.com

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