02 septiembre 2009

Exposición Antiguos Instrumentos de Tortura, Toledo

El verdugo

Estaba yo buscando datos sobre uno de los astrónomos más brillantes de la historia, Johannes Kepler, cuando leo que en 1615 su madre fue acusada de brujería y que su hijo, Johannes, estuvo luchando seis años para que la liberasen.

Esto coincide con que ayer estuve paseando con mi hija por la maravillosa ciudad de Toledo, maravillosa hasta que por casualidad entramos en la Sala Exposiciones Alfonso XII (C/ Alfonso XII, 24), para ver una exposición sobre los instrumentos de tortura empleados durante la Edad Media, en tiempos de la Inquisición, en España, y no menos en el resto de Europa. Es una muestra permanente, de manera que puede verse en cualquier momento del año.

Al salir, todo hay que decirlo, la ciudad me pareció menos maravillosa.

Me puse a pensar en lo que hubiera sido de mí si hubiera tenido la mala suerte de nacer en esas épocas. Porque esas cosas son solo cuestión de suerte. Me puse a pensar en los aullidos de terror de los torturados, en los pobres individuos sobre los que hubiera recaído cualquier tipo de condena, en los tormentos sin fin, y durante unos minutos, sentí que estaba en un sitio tenebroso. No es que la exposición no fuera interesante, todo lo contrario, pero el efecto de ver toda esa maquinaria de producir sufrimiento, se tradujo en un escalofrío espantoso, en una visión turbia y sombría de esas callejuelas estrechas antaño abarrotadas de soplones. Porque no era necesario que hicieses nada en particular, salvo que tuvieras una buena fortuna, o no fueses a misa, para que te acusaran de hereje o de bruja y la Inquisición o demás instituciones europeas, religiosas o civiles, se encargaran de someterte a tortura sin que tú jamás supieras la causa, con alguna de esas horrendas máquinas de desmembrarte, desgarrarte, calcinarte, cortarte en trozos, paralizarte, de atormentarte de las maneras más espantosas que podemos imaginarnos.

Pienso en que algunos de esos instrumentos, según se indica en algunos de los carteles explicativos de la muestra, siguen usándose en algunos países.., que en otros se usaron hasta muy entrado el siglo XIX para torturar a los esclavos, por ejemplo, teniendo en cuenta que la esclavitud en sí misma no fue (no es...) sino otra forma de tortura más, tan denigrante e injusta como la peor de las torturas.

Por otra parte en Europa tenemos frescos aun los sucesos penosos de la Segunda Guerra Mundial, en la que millones de personas murieron en las cámaras de gas, enfermos o muertos de dolor o hambre, o electrocutados en campos de concentración, o heridos o congelados en los campos de batalla, y fuera de ellos, en las ciudades bombardeadas, en sus propias casas. Nuestros abuelos y bisabuelos lo vivieron, incluso alguno de nuestros padres o tíos, y no hay gran diferencia entre un tipo de terror y otro. No hay diferencia alguna. Las guerras y el hambre, son una forma de tortura, y siguen vigentes. Las desigualdades entre ricos y pobres en el mundo también son una clase de tortura. La persecución por ideologías políticas o por creencias religiosas, también son una tortura. La falta de libertades, la marginación...

Creo que vale la pena remontarse en la historia para conocer las barbaridades que cometía la gente contra sus semejantes a la espera de que quienes se muestran indiferentes ante el padecimiento ajeno, se pongan en el lugar de las víctimas, y recapaciten.

En esta página encontraréis un listado de todas las exposiciones sobre el tema en distintos países de Europa. Y en esta página tenéis una explicación detallada con fotos de la muestra en la ciudad de Toledo.

Descárgate de aquí La historia de la brujería, de Julio Caro Baroja.

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