19 agosto 2009

Lo inconciente y Sigmund Freud


Uno de los momentos más importantes del sXX fue la creación por Sigmund Freud del psicoanálisis. Hay aun mucho debate acerca de si el psicoanálisis es o no una ciencia, y mucha más discusión acerca de sus teorías. No todo el mundo las comparte y son muchísimos los que las critican. Tampoco se pueden explicar todas las teorías de Freud en una entrada de un blog porque para eso están no solo sus Obras Completas sino una infinidad incalculable de libros escritos por otros psicólogos y profesionales de distintas especialidades y tendencias de pensamiento.

Sigmund Freud era un médico radicado en Viena. Freud asistió a las clases magistrales de otro médico, Charcot, que se dedicaba a estudiar mediante la hipnosis a mujeres histéricas, esto es, mujeres que padecían todo tipo de trastornos aparentemente físicos, pero que desaparecían cuando eran sometidas a la hipnosis. En época de Freud la "histeria de conversión", era muy frecuente, incluso en los hombres, hoy lo es menos.

A partir de aquí y de otros casos que atendió fue que Freud desarrolló la teoría del inconciente. A mi modo de ver es una teoría muy útil para conocer cómo funciona la mente de las personas. No comparto todos los postulados de Freud, pero en cuanto a la existencia del inconciente, soy una convencida. El inconciente está detrás de nuestros sueños, de los chistes, de los lapsus o "equivocaciones" lingüísticas y de otro tipo o "actos fallidos" que cometemos o nos suceden (por ejemplo, olvidarnos de algo, llamar a alguien no por su nombre sino por otro u olvidarnos completamente de que alguna vez le hemos conocido). Sin las teorías de Freud estos sucesos no tendrían aun ninguna explicación. Porque hasta la aparición de Freud, a excepción de algunos grandes escritores y algunos psicólogos o psiquiatras intuitivos, para el común de los profesionales de la medicina y la psiquiatría lo único que existía era el "conciente". Es decir, los actos voluntarios. La capacidad de la mente para controlar vigilante y despierta todos los actos. Y lo cierto es que esto es solo una parte de lo que ocurre en nuestras mentes.

Dice Freud:

"Un acto psíquico pasa generalmente por dos estados o fases, entre las cuales se halla intercalada una especie de examen (censura). En la primera fase es inconsciente y pertenece al sistema Inc. (sistema Inconciente). Si al ser examinado por la censura es rechazado, le será negado el paso a la segunda fase; lo calificaremos de «reprimido» y tendrá que permanecer inconsciente. Si sale triunfante del examen, pasará a la segunda fase y a pertenecer al segundo sistema, o sea al que hemos convenido en llamar Cc. (sistema Conciente). Sin embargo, su relación con la conciencia no quedará fijamente determinada por tal pertenencia. No es todavía conciente, pero sí capaz de conciencia. […] Quiere decir esto que bajo determinadas condiciones puede llegar a ser, sin que se oponga resistencia especial alguna, objeto de la conciencia. Atendiendo a esta capacidad de conciencia, damos también al sistema Cc. el nombre de «preconsciente». […] Por lo pronto nos bastará retener que el sistema Prec. (sistema Precocniente) comparte las cualidades del sistema Cc. y que la severa censura ejerce sus funciones en el paso desde el Inc. al Prec. (o Cc.)" (Freud, 1996, 193-194). Y más adelante:

“El yo representa lo que pudiéramos llamar la razón o la reflexión, opuestamente al ello, que contiene las pasiones”, o dicho de ora manera, "las dos entidades del psiquismo representan respectivamente el imperio del principio de la realidad y del principio del placer."



Hay dos "tópicas", como se puede ver en la obra de Freud. En una de ellas determina que en la psique existen tres instancias: el inconciente, el preconciente y el conciente. En la segunda "tópica", asume que existen el ello, el yo y el super-yo que en estas explicaciones no aparece pero que es tan importante como el yo y el ello. De acuerdo con Freud, "La resolución infantil del complejo de Edipo trae como corolario la aparición de una conciencia moral, una modificación del yo que se opone al mismo y que Freud denomina super-yo o ideal del yo." El super-yo reinará sobre el yo en lo sucesivo, ya sea como conciencia moral, ya sea como sentimiento de culpabilidad.

No explicaremos aquí qué es el "complejo de Edipo", pero baste saber que se trata según Freud, de un problema que debe ser resuelto en la primera infancia en relación con el padre y la madre. En cualquier caso, y volviendo a nuestro tema, para Freud: "ya sea por injerencia del ello o del super-yo la motivación de la conducta es fundamentalmente inconsciente. De hecho, incluso en una gama de conducta en apariencia tan triviales como son los actos fallidos, Freud concluye que “toda equivocación en el habla debe tener su fundamento.” Y ese fundamento es inconciente.

De modo que no nos es posible mantener un control absoluto sobre lo que hacemos o decimos. De ser así, seríamos quizás perfectos y muy previsibles, pero no lo somos. Las experiencias y las relaciones que mantenemos con nuestros mayores desde que nacemos son determinantes para la formación del psiquismo, e influirán en cómo se conforman el ello, el yo y el super-yo. Así hay personas que son muy estrictas, con un super-yo muy fuerte o "castigador" que inmediatamente les hace sentir culpables por cualquier nimiedad. Otras en cambio se dejan llevar más por el "principio del placer" y en ellas rige con mayor fuerza el ello. Una persona equilibrada tendría un yo fuerte, menos supeditado a los dictados del ello y del super-yo, o "más conciente" de sus "motivaciones inconcientes". Pero incluso en este caso su conducta, sus actos, no serían cien por ciento "voluntarias". No siempre sabemos por qué algo nos apetece, por qué deseamos o no deseamos algo, etc.

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