19 junio 2009

Surrealismo

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A lo largo del siglo XIX, los progresos técnicos, el desarrollo de la economía y el continuo avance de las ciencias habían forjado un tipo de sociedad occidental que se asentaba en la fe en el progreso de la ciencia como elemento imprescindible un desarrollo humano que parecía ilimitado e incuestionable.
Sin embargo, las teorías de algunos pensadores y científicos como Nietzche, Einstein y Freud pusieron en cuestión la bondad del progreso basado en un desarrollo incontrolado de la técnica, la validez de principios éticos y morales no cuestionados hasta el momento y la importancia de la parte no racional de la persona, quebrando con ello la confianza y la seguridad de las hasta aquel momento optimistas sociedades de Occidente. Los malos presagios que auguraban que el desarrollo de la tecnología no tenía por qué ir necesariamente ligado al progreso y bienestar se confirmaron plenamente en el período 1914 - 1918, durante la cual una espantosa guerra sembró el horror y la muerte por todo el continente europeo.
Tras la guerra, nació un mundo distinto. Por un lado, la URSS, Italia, Alemania y, en menor medida, otros países, vieron nacer y desarrollarse filosofías que dieron lugar al establecimiento de regímenes autoritarios; por otro, el sistema capitalista, basado en la iniciativa privada y la inhibición del Estado en la economía, entró en profunda crisis con sus secuelas de paro y miseria, y por último, el sistema democrático sufrió un cierto desprestigio al ser incapaz de garantizar seguridad y bienestar. A partir de entonces, el artista racionalista, academicista y confiado, dejó su lugar a otro más escéptico y receloso ante un porvenir incierto e inquietante. El nuevo artista reniega de la misión que hasta ese momento realizaban sus colegas: la de plasmar la realidad. Lo que le interesa, por el contrario, es trasladar a sus lienzos o a la piedra sus inquietudes, su visión del mundo, sus sueños. Aunque surgieron movimientos de índole diversa, todos tenían un denominador común: la convicción de que el arte debía encontrar nuevos derroteros, liberarse de normas y formalismos pasados y ser el resultado de las vivencias e inquietudes de cada autor. A estos movimientos se les conoce como vanguardias del siglo XX. Uno de ellos es el surrealismo.
El surrealismo nació oficialmente en 1924, con la publicación del "Manifiesto del surrealismo", obra del escritor francés André Bretón. El surrealismo, que no sólo abarca el arte sino también la literatura, el cine, la fotografía... nació estrechamente ligado al movimiento dadaísta.
Surgido tras la I Guerra Mundial y con una decidida orientación nihilista, el dadaísmo significó ante todo una abierta manifestación contra toda forma de arte tradicional, y llegó incluso al rechazo de cualquier forma de arte producida por formas convencionales... Y en este punto de rechazo y ruptura con el pasado se entronca con el surrealismo. La diferencia está en que el surrealismo sustituyó el nihilismo dadaísta por una experimentación científica, con ayuda de la filosofía y la psicología. Esta conexión entre ambos movimientos explica que muchos de los componentes del dadaísmo (Ernst, Arp, Picabia, Ray) se adhiriesen posteriormente al surrealismo y que muchas obras se puedan encuadrar perfectamente en ambos movimientos.
El surrealismo fue definido por el propio Bretón como "automatismo psíquico puro, por el cual se propone expresar verbalmente, por escrito, o bien de otra manera, el funcionamiento real del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón, fuera de cualquier preocupación estética o moral". El movimiento surrealista, fundado oficialmente en 1924, fue una actividad literaria artística que se centró en París, aunque pronto se extendió a otros países como España, Bélgica, Suiza e Inglaterra.
André Breton es quien redacta el Primer Manifiesto Surrealista (1924) y, poco después, también el Segundo. Este movimiento pretendía ser diferente, tener un carácter renovador, sugerente y provocativo. El impacto que causó en los medios intelectuales de la época no fue inferior al escándalo provocado por el dadaísmo. Los surrealistas criticaban la pérdida de la libertad en los creadores, debida a que el pragmatismo, la rutina, el peso de la educación, "las buenas maneras" coartan al individuo de tal manera que no es necesario que exista una coacción física: la propia autocensura se encarga de limitar la capacidad de creación del individuo que ya no es capaz de romper sus ataduras y dejar que la imaginación vague sin lazos ni trabas de clase alguna. El creador es, pues, un alienado de la sociedad, de la que sólo puede librarse mediante la exaltación de lo irracional, de la locura, del sueño; es decir, mediante la oposición de "otro mundo" al establecido y dominado por las clases dirigentes.
En 1927, aparecieron una serie de artículos de Bretón con el título de "Surrealismo y pintura", en los que trataba de las vías por las que el pintor conseguía adentrarse en el mundo surrealista: la vía del automatismo y la del mundo de los sueños.
Automatismo significaba para los surrealistas el mecanismo por el que las ideas y las asociaciones de imágenes emergían a través de la palabra, la escritura o la imagen de manera rápida, espontánea, fluida, sin hacer caso para nada de la coherencia y el sentido. Así aparecieron diferentes técnicas en el campo de las artes visuales como el collage, los fotomontajes y el frottage (procedimiento por el cual se pasa un lápiz sobre el lienzo extendido sobre una superficie rugosa), cuyos resultados eran la aparición de un conjunto de imágenes yuxtapuestas, en apariencia faltas de sentido.
En cuanto a la vía de la exploración de los sueños u onírica, no se trataba del estudio de símbolos de los sueños, sino de la plasmación de imágenes que podían proceder de sueños diferentes o recordarnos tan solo ciertas características de los mismos.
La complejidad del movimiento surrealista, que más que una doctrina o escuela era una toma de postura frente a la realidad que les tocó vivir, explica la variedad de estilos. Los hubo que se inclinaron por un surrealismo figurativo (Ernst, Dalí, Magritte, Delvaux), mientras otros como Masson, Miró y Tanguy optaron por la abstracción.
Salvador Dalí creó un método propio que denominó "crítico paranoico" para "materializar las imágenes de la irracionalidad concreta". El resultado es un conjunto de imágenes delirantes, a veces desagradables y enigmáticas.
Max Ernst, llegó al surrealismo procedente del expresionismo y el dadaismo. Su pintura es la que mejor representa las imágenes inquietantes del surrealismo. Fue capaz de crear un mundo alucinante, alternativo a lo cotidiano.
René Magritte pintó obras capaces de producir un fuerte impacto visual, en las que aparecen asociaciones de imágenes desconcertantes que simbolizan el angustioso contrasentido de la naturaleza humana.
André Masson basó su obra en la liberación total de la acción de pintar, dejando que el fluido de gestos y trazos fuese totalmente espontáneo sin intervención alguna de la mente. Fue el creador de dibujos sobre arena, consistente en rociar arena sobre un lienzo en el que se había extendido de manera aleatoria cola de pegar. Tras arrojar la arena sobre el lienzo, se agitaba y la arena quedaba adherida a la cola formando imágenes que luego el pintor completaba.
Joan Miró se unió al surrealismo después de haber experimentado en el modernismo, fauvismo y cubismo. Su carácter le fue conduciendo hacia un tipo de pintura muy personal en la que crea un mundo propio de colores vivos y figuras cada vez más esquematizadas que parecen trasladarse por el lienzo, a imagen y semejanza de un microcosmos.
Ives Tanguy recreó en sus obras un mundo inquietante, poblado de formas en las que algunos de sus críticos han querido ver evocaciones gráficas de la teoría de la evolución.
El surrealismo ha sido el movimiento de vanguardia que más mujeres aglutinó en sus filas y el que desarrolló el cometido más complejo para las artistas. Proclamó la imagen de la mujer como ser espontáneo e intuitivo y apoyó su creatividad, todo ello dentro de un contexto social en el que las mujeres reivindicaban el derecho al trabajo y al voto. Breton retomó de Apollinaire la conjunción de lo erótico con la emoción poética y su recurso de las polaridades simbolistas para expresar la dualidad de la naturaleza femenina.
Muchas mujeres se acercaron al surrealismo atraídas por el hecho de que este movimiento fomentaba un arte en el que predominaba la realidad personal. En muchos casos tuvieron acceso al mismo debido a las relaciones personales con hombres del grupo, y no por un interés político o teórico. Las artistas quedaron siempre fuera del círculo de poetas y pintores que redactaron los manifiestos y formularon la teoría surrealista. André Breton era el portavoz y el que declaraba quién pertenecía o no al movimiento, y en sus declaraciones siempre los integrantes eran hombres.
Las mujeres surrealistas pronto se sintieron ajenas a la teoría que este movimiento tenía sobre la mujer: conformaba y completaba un ciclo masculino creador y realizaba violentos asaltos a la imagen femenina. Por tanto, las artistas se volcaron hacia su propia realidad y muchas de ellas realizaron su obra madura una vez que abandonaron el círculo surrealista. No lograron librarse de los conflictos que generaba el despegarse del rol femenino tradicional: trataron de reconciliar la difícil opción de mujer como ser independiente en un movimiento que las consideraba musas, niñas, brujas, y a la vez, estaba contra el matrimonio y la familia. Las artistas terminaron por proclamar su independencia del surrealismo. Esto lleva a cambiar la idea de “mujeres que estuvieron dentro del movimiento surrealista” por la de “mujeres que estuvieron alrededor del movimiento surrealista”.
Entre ellas destacan: Frida Kahlo, Remedios Varo, Leonora Carrington, Maruja Mallo, Leonor Fini Meret Oppenheim, Toyen (María Cerminova), Ángeles Santos y Dorotea Tanning

Fuentes:
www.geocities.com
gladysvillegasm.wordpress.com

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