16 junio 2009

Entrevista a Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna


"¡QUÉ MAGNÍFICA DESOLACIÓN!".

Hace 30 años que Edwin E. Aldrin Jr -Buzz Aldrin- pronunciaba estas palabras al dejar, junto con Neil Armstrong, las primeras huellas sobre una Luna hasta entonces virgen. El coronel Aldrin no las había ensayado, se le escaparon ese 21 de julio de 1969, unos segundos después de que Neil Armstrong recitara la frase que la NASA preparó para bendecir el alunizaje sobre el Mar de la Tranquilidad: "Un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad". Rodeado de trofeos y placas conmemorativas en las lujosas oficinas de su compañía Spacecraft Enterprises cerca de Beverly Hills, para Buzz el futuro de la navegación espacial pasa por los viajes de aventura a la Luna y a Marte y acusa a la NASA de bloquear el desarrollo de la exploración espacial con su monopolio de la navegación cósmica.

Pregunta.-De niño, cuando leía a H.G. Wells, ¿presintió que iba a realizar algo grande en su vida?

Respuesta.-Fue algo gradual. Éramos pioneros en un campo virgen, el de la tecnología espacial, tan crucial en el desarrollo de la seguridad internacional en aquel entonces y tan fundamental hoy en el desarrollo de la aviación comercial. Además, en el Apolo XI, éramos poco más que meros operadores. Yo ni siquiera era un piloto de pruebas experimentado, aunque sí había vivido la guerra de Corea en las Fuerzas Aéreas. Y también había realizado, en el proyecto Geminy, paseos en el espacio con gran éxito (algo que hasta entonces no se había logrado). Luego me doctoré en Ciencias en el Massachusetts Institute of Technology. Pero mi mayor contribución a la ciencia no fue el alunizaje, sino mi investigación sobre rendez-vous espaciales: cómo unir vehículos cósmicos en órbita, que fue el objeto de mi tesis doctoral. Este trabajo se utilizó en el programa espacial y, con ciertas modificaciones, se aplicó también en el Apolo. De hecho, fue mi experiencia en las operaciones EVA (actividad extra vehicular) la que me llevó a ser un fuerte candidato para el programa Apolo. Y es precisamente el conocimiento que he ido acumulando sobre movimientos en órbita el que me ha llevado a desarrollar el concepto de órbitas entre la Tierra y la Luna e incluso Marte. Una prometedora estrategia para abordar, a nivel mundial, el desplazamiento a Marte.

P.-En Return to Earth (Random House, 1973) se queja de que durante el alunizaje no hubo espacio para emociones.

R.-No exactamente. Hubo mucho tiempo para emociones pero el foco de nuestro cerebro estaba en lo que íbamos a hacer en el instante siguiente. Eran momentos de extremada alerta, de estar listos para responder. La disciplina fue un factor fundamental en el éxito del programa. Y todo eso que ustedes, los periodistas y el mundo entero, quieren que les contemos, en realidad no estaba en nuestra mente. A menudo, quien hace la entrevista logra que algún astronauta le cuente bellos pensamientos que, en realidad, no se le ocurrieron hasta que se puso a pensar en qué es lo que debería haber pensado mientras estaba en la Luna.

P.-¿Tan absortos estaban en el aspecto técnico?

R.-Completamente. Hubo momentos, como cuando acabábamos de pisar la Luna, en el que dando una palmada en el hombro a Neil le dije: "¡Hey, lo hemos conseguido!". O como cuando al caminar sobre la Luna pensé: "Aquí estamos los dos, en el lugar más remoto que jamás nadie haya visitado, mientras nos está observando el mayor número de personas que jamás haya contemplado algo". Entienda que no fuimos a la Luna para regresar y contarle a la gente nuestros sentimientos. El propósito era diferente. Sé que a la gente le importa mucho eso, pero yo no he dedicado mi vida a recordar las cosas maravillosas del pasado, sino a convertir esas experiencias en futuro. Y ése es el principal significado de mi vida. Si simplemente hubiese ido a la Luna y todo se hubiera quedado ahí, me sentiría insatisfecho. Lo más importante es concienciarnos de que ha llegado el momento de empezar a llevar a ciudadanos al espacio. No es sólo algo atractivo para el público, sino que tiene el potencial de impactar enormemente en la dirección de nuestro futuro.

P.-...¿El turismo de aventura espacial como impulsor de recursos para la exploración científica del cosmos?

R.-Es preciso llevar a un número de personas lo suficientemente grande al espacio como para que sea un negocio rentable. En cuanto pongamos a estos viajeros en órbita necesitaremos alojarlos allá afuera. Y para acceder a estos hoteles espaciales será necesario fabricar un sistema de cohetes. Desde los hoteles orbitales podríamos ir a la Luna, y luego a Marte. Y esto puede lograrse mejorando el actual Shuttle o lanzadera y sustituyendo los aceleradores solares cohéticos por un acelerador líquido de vuelo de retorno robusto, y un acelerador robótico moderno con alas que asciende y automáticamente regresa y aterriza. Éste es el sillar del futuro. Un sistema reutilizable de primera fase, que hace que la posibilidad de poner a la gente en el espacio sea real.

P.-¿Lo que llama reciclaje espacial?

R.-En efecto. En los años 60 estábamos tan concentrados en la carrera a la Luna contra los rusos que la consigna era "llega lo antes posible y no pierdas tiempo desarrollando el concepto de reutilización". El Apolo fue un proyecto usa-y-gasta. Pero si queremos ir a Marte tenemos que ser más innovadores, y establecer una red de naves espaciales cíclicas en continuo movimiento, con módulos reutilizables. Estas naves seguirían los principios de gravity assist, una técnica de lanzamiento tipo honda para establecer tráfico entre la Tierra y Marte. Otra técnica a utilizar serían los frenos espaciales, un método de desaceleración de vehículos cósmicos mediante vuelos rasos en las atmósferas de la Tierra y Marte. Sin embargo, la falta de perspectiva respecto a la reutilización se mantiene hoy en día en el programa Space Shuttle, y el costo lo asume el contribuyente.

P.-Arthur Clarke, en el prefacio de la novela de ficción que usted escribió con John Barnes, Encounter with Tiber (Warner Books, 1996), y que sitúan en el año 2069, exactamente un siglo después de su alunizaje, se queja de que hubo una época en la que los escritores de ciencia ficción tenían todo el espacio para ellos mismos. Hasta que llegaron personas como usted, que han estado ahí, y que pueden contarnos con exactitud dónde se equivocaron ellos.

R.-Algo que me intriga en estos momentos es la posibilidad de convertirme en narrador. La idea era llevar Encounter with Tiber al cine, pero no cuajó, quizás porque la editorial la catalogó como "ciencia ficción".

P.-Pero Hollywood se interesa en el tema espacial, y hasta ha dado su nombre al muñeco Buzz Lightyear (Buzz añoluz) en la película infantil Toy Story.

R.-De hecho, la secuela, Toy Story II se va a estrenar en EEUU en el otoño. Y la publicación de nuestra próxima novela espacial de suspense, también con John Barnes, está prevista para Navidad, y espero que esta novela sí dé lugar a una película. Esto podría tener un impacto considerable en la educación del público en cuanto a viajes al espacio. En Encounter with Tiber se concibe la idea básica de ShareSpace, la organización que he creado para promover las oportunidades y actividades del hombre en el espacio.

P.-¿Quién podría permitirse el lujo de ser un turista cósmico?

R.-Hace unos 12 o 14 años me di cuenta de que necesitábamos un mecanismo de marketing distinto. Concebí un sistema de lotería que podría ampliar la posibilidad del viaje de aventura espacial al ciudadano medio. Ya no se trataría de vender billetes a los ricos y famosos o a los pilotos de pruebas o incluso a los periodistas.

P.-¿Cuán factible es y en cuánto tiempo podría materializarse esta propuesta?

R.-Creo que podemos empezar a enviar a gente en el Shuttle ahora mismo. Es cuestión de cambiar actitudes y perspectivas. La NASA y el Gobierno deberían entregar el fletamento del Shuttle al sector privado. Hasta el Congreso les anima a hacerlo. Pero la NASA es una organización que quiere mantener su status quo, no quiere desprenderse del control, como la mayoría de las organizaciones gubernamentales. Con frecuencia, lo que la NASA se plantea es "cómo hago esto o cómo hago aquello", pero no contempla los pasos necesarios para lograrlo. Hay planes para ir a Marte, pero no hay planes para fabricar cohetes que nos lancen hasta el planeta rojo. ¡Estos cohetes ni siquiera existen! ¿Y cómo podemos financiar unos cohetes tan costosos? Haciendo que el público tenga acceso a ellos. Soy consciente de que me he convertido en un visionario con sabiduría, inmerso en un mundo miope que sólo persigue los beneficios inmediatos de la Bolsa o que sólo está atento a ver de qué lado soplan los vientos políticos. ¡Éste es el mundo en el que vivo! Pero desde que John Glenn entrara en órbita terrestre en 1962, el público se ha entusiasmado con la posibilidad de volar al espacio y hoy está listo.

P.-¿Cuánto costaría un billete de cohete para dar una vuelta en el espacio?

R.-Costaría más de 15 millones y menos 150 millones de pesetas. Claro que eso sólo atraería a consumidores con alto poder adquisitivo, y de lo que se trata es de atraer al público en general. Podemos empezar invitando a periodistas a bordo de los cohetes, con el fin de que puedan transmitir al público en lenguaje comprensible en qué consiste la experiencia. Y luego sería sólo cuestión de introducir el proceso de selección por lotería.

P.-¿Lo que usted ha llamado "democratización del espacio"?

R.-En efecto. Para reunir el capital necesario para el proyecto venderíamos boletos a 1.500 pesetas para participar en una lotería en la que se repartan premios de distintas categorías. (Los americanos invierten más de 45 billones de pesetas anuales en loterías). Hoy podemos ya ofrecer visitas a lanzamientos espaciales, tours de instalaciones espaciales e incluso un paseo a bordo de un avión de entrenamiento de gran altitud y gravedad cero, hasta un viaje en un MiG-25 al borde del espacio. En un futuro muy próximo podríamos ofrecer vuelos balísticos suborbitales sobre la atmósfera, vuelos orbitales, e incluso vuelos de aventura a hoteles orbitales de lujo. Y a largo plazo, no hay razón para desestimar la navegación alrededor de la Luna con cyclers de baja altitud. El remanente se invertiría en investigación y desarrollo sobre viajes espaciales.

"Aquí estamos los dos, en el lugar más remoto que jamás nadie haya visitado, mientras nos está observando el mayor número de personas que jamás haya contemplado algo"

P.-¿Cuál es la propuesta de la NASA en este sentido?

R.-Durante los pasados 20 o 30 años, ciertas propuestas de la NASA no han resultado como se preveían. El Space Shuttle no es barato y no logra volar a la velocidad estimada en un principio. La Estación Espacial es un proyecto que se ha ido arrastrando en el tiempo, y si montar un hábitat para siete personas va a llevar cinco años y cerca de 100 lanzamientos, está claro que no es la forma adecuada de hacerlo. Hay estudios que indican que para que fuera un negocio rentable requeriría incluir de 80 a 100 pasajeros por vuelo, un vuelo al día. Los vuelos durarían dos días en principio hasta que se pudiese alojar a los viajeros durante una semana en hoteles o residencias espaciales localizadas en órbita. La forma de hacerlo es con un solo lanzamiento y utilizando un tanque vacío, que es parte del sistema principal del cohete y que está lleno de combustible, como volumen vivo. De este modo podríamos establecer la mayor parte de las instalaciones para 150 o 200 personas con un único lanzamiento. Y no se trataría de un lanzamiento de personas, además varios de los aceleradores reutilizables regresarían a la Tierra reduciendo el costo enormemente. El resto de módulos del cohete se dejaría en órbita. Los tanques vacíos serían ahora el volumen y contendrían todo el equipo imprescindible. Sería un cohete más grande que el que nos llevó a la Luna y permitiría crear el hábitat para un número mayor de personas y a la vez nos proporcionaría un cohete grande y económico para desplazar a la gente a la Luna y a Marte. Lo más crítico es la financiación en el sistema de cohetes, el transporte. Pero si puede desarrollarse un sistema de transporte que pueda generar beneficios mediante un negocio comercial que tenga lugar en la órbita inferior, podríamos generar también un sistema de varios hoteles que se apoyen mutuamente. De este modo, si ocurre un problema en un hotel, no es necesario que los huéspedes regresen a la Tierra, sino que pueden ser transportados a otro hotel. Podríamos poner un hotel en una órbita que yo mismo investigué hace 12 años, que da la vuelta a la Luna y regresa. Esta órbita no es útil para explorar la superficie de la Luna, pero es perfecta para turistas que quieran simplemente salir al espacio y acercarse a la Luna al menos una vez en su vida y recordar esa experiencia.

P.-En su segundo libro, Men from Earth (Bantam Books, 1989), se autodefine como un "futurista de la exploración espacial".

R.-Es algo más que exploración. La exploración no va a tener lugar sin el principio comercial "esta forma de hacerlo es mejor que aquélla". La forma de hacerlo no es a través de la NASA, ni de las grandes corporaciones, ya que cada cual tiene su propio interés. Sino a través de los medios de comunicación. Así podemos sembrar la comprensión gradual y la apreciación de la expansión del viaje de aventuras desde la superficie de la Tierra y las profundidades de los océanos al espacio.

P.-Usted ha descendido hasta el Titanic y ha ido al Polo Norte en el Icebreaker, pero ¿cómo le impactó la experiencia de caminar sobre la Luna?

R.-Lo que me ha permitido es saber que lo que quiero es continuar siendo un pionero de la tecnología espacial punta. La mayor parte de los astronautas han abandonado la visión de qué es lo que puede y debe hacerse. Algunos están inmersos en negocios atractivos a corto plazo, en el desarrollo de cohetes o con una compañía aeroespacial. También me ha convertido en un observador de cosas inusuales, en alguien que sabe estar alerta, consciente.

P.-¿Qué recomendaría a un joven interesado en convertirse en astronauta?

R.-Que desarrolle su creatividad, que experimente cuantas cosas pueda en la vida y que elija después las que son relevantes. Vivimos en un mundo enfocado en el ahora y la era de la información nos ha aportado fantásticas tecnologías que nos permiten comunicarnos en el mundo entero. Pero en el proceso nos estamos exponiendo a una información equivocada sobre la naturaleza de la vida. Los valores hoy en día están en lo inusual, lo extraño y, como consecuencia, la gente cree en platillos volantes y en extraterrestres, cuando no hay pruebas de que existen. La era de la información exige que la humanidad asuma la responsabilidad de que la información que se procesa no sea engañosa.

P.-El alunizaje le pasó factura y su vida ya no fue fácil, tuvo que luchar por liberarse de su propia mente y sobre todo con una fama alcanzada de la noche a la mañana, para la que, como usted ha dicho, "no nos había preparado la NASA". Pero hoy parece haber superado por completo los efectos secundarios de dicha experiencia. ¿Cuál es el momento que más aprecia de su vida?

R.-Posiblemente no lo he experimentado aún. Hubo un momento en el que creí que había hecho algo original y fue en mi tesis. Tomé mis conocimientos como piloto de combate y los transferí al campo de las órbitas espaciales e ideé un modo de realizar la reunión vehicular, el rendez-vous, que era diferente y que nadie había previsto. Ésa fue la primera vez que sentí que mi aportación era significativa. Después he visto formas de acceder y regresar de Marte que nadie más ha podido descubrir o poner en práctica. Cuando fui a la Luna en el Apolo, era un mero operador. Nos decían qué teníamos que hacer en cada momento. Cualquiera puede hacer eso. Pero creo que lo importante de la vida es que puedas hacer algo que es diferente. Y tal vez haya sido mi lucha contra la adversidad, la recuperación de la depresión mental y del alcoholismo, hace ya 20 años, y el poder darle la vuelta y convertirlo en algo muy productivo y lleno de desafío, lo que más valoro en mi vida.

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