27 marzo 2009

Hatshepsut, una mujer en el trono de Egipto


¿Qué llevó a la reina Hatshepsut a convertirse en faraón del Antiguo Egipto? La verdadera historia de la mujer que durante 21 años dirigió el país del Nilo ha sido desvelada. La identificación de sus restos, hallados en una tumba menor del Valle de los Reyes, ha rescatado a la legendaria monarca del olvido al que fue relegada por Tutmosis III, su hijastro y sucesor en el trono. Por Chip Brown

Había algo en las puntas de los dedos que resultaba extrañamente conmovedor. Del resto de su cuerpo había desaparecido hasta el último rastro de belleza y humanidad. El lino deshilachado alrededor del cuello era como una caricatura de la elegancia. La boca, con el labio superior caído sobre el inferior, era un gesto atroz (la oclusión dental defectuosa era una característica de su famosa estirpe). Las cuencas de los ojos estaban rellenas de ciega resina negra, y las fosas nasales, taponadas con apretados rollos de tela. La oreja izquierda se había hundido en la carne de la sien, y la cabeza estaba prácticamente calva. Me incliné sobre la vitrina abierta del Museo Egipcio de El Cairo y contemplé lo que con toda probabilidad es el cuerpo del faraón Hatshepsut, la extraordinaria mujer que gobernó Egipto desde 1479 hasta 1458 a.C. y que hoy es famosa no tanto por su reinado durante la edad de oro de la XVIII dinastía, como por haber tenido la audacia de asumir un papel masculino. No había en el aire ningún seductor perfume de mirra, sino un olor acre fermentado durante los muchos siglos que el cadáver pasó en una cueva de piedra caliza. No era fácil conciliar aquella visión con la idea de la gran estadista que vivió hace tiempo y de quien se dijo: «Mirarla era lo más hermoso de todo». El único rasgo humano era el brillo óseo de las puntas de los dedos sin uñas, donde la carne momificada se había retraído, creando la ilusión de una manicura que evocaba nuestra vanidad primigenia, nuestra frágil intimidad, nuestro breve y pasajero contacto con el mundo. El descubrimiento de la momia perdida de Hatshepsut saltó a los titulares hace dos veranos, pero la historia completa se dio a conocer poco a poco, con una trama propia de la serie CSI. La búsqueda de Hatshepsut ha demostrado hasta qué punto los escáneres y los termocicladores de ADN se han aliado con las palas y los cepillos de la arqueología tradicional.
Fuente: www.nationalgeographic.com.es

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