27 enero 2009

Jugar al aire libre


El juego al aire libre supone un espacio fundamental en la educación de niños y niñas, ya que tiene lugar en un entorno de relación entre iguales, en donde ejercitar y poner a prueba, roles, actitudes, actividades, etc.

Lo que nos encontramos en la actualidad, al menos en algunos lugares de España, son plazas duras. En lugar de bancos encontramos sillas solas, enganchadas en el suelo, dispuestas de tal forma que es imposible la conversaciones y hasta difíciles las carreras con patines. Zonas completamente ajardinadas donde no se puede pisar el césped ni jugar a pelota. Espacios planos evidentemente facilitan la vigilancia pero en cambio impiden uno de los juegos más apreciados por la infancia: esconderse. Estructuras de juego infantil desgastadas por el mal uso de otros colectivos...

Dentro del concepto de Ciudad Educadoras, las plazas y parques públicos se presentan como medios extraordinarios para hacer de la ciudad un espacio no sólo habitable, sino además enriquecedor. Una ciudad donde la infancia se mueve libre y tranquilamente, caminando por sus calles, una ciudad llena de gritos, risas, carreras, en definitiva, llena de juego, es realmente una ciudad que educa, que nos hace personas.

A menudo nos quejamos de que los niños no saben a qué jugar, que se aburren pronto, teniendo todo tipo de juguetes... qué sólo les gustan los videojuegos... que... Pero, ¿ofrecemos alternativas reales de juego?

Francesco Tonucci nos lo explica en su última publicación, La ciudad de los niños , editada en España por Barcanova: “ cuando la plaza está lejos y, por lo tanto, no puedo ir sólo, estoy sometido a los horarios de los mayores; pero, además, como está lejos y voy con papá y mamá, no puedo ir con el chandal viejo que utilizo en casa... y como tengo que vestirme bien, no puedo ensuciarme...”

Es una gran contradicción que los adultos, padres y madres, educadores, urbanistas, técnicos municipales, etc., hemos de afrontar: las ciudades no están pensadas para los niños. Parecen ciudadanos de segunda categoría. Hay pocos espacios de juego y a menudo quedan lejos de sus posibilidades de autonomía. Las plazas no están pensadas para estimular su capacidad de juego ni la comunicación ciudadana. Por otro lado, los patios de las escuelas, espacios normalmente grandes y seguros, están cerrados al juego libre de los niños, después de las cinco de la tarde. Y además, estos patios, pensados exclusivamente para el uso de los niños, demasiadas veces tampoco están pensados para el juego.

Es necesario que pongamos atención, cada uno desde su parcela de responsabilidad, teniendo presente que la calidad de vida de los niños pasa también por ofrecerles una ciudad acogedora y a su medida. En definitiva, una ciudad para los niños es, seguro, una mejor ciudad para nosotros, los adultos. Enlace: ipaspain.blogspot.com Imagen: maryinfantil.blog.com

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