02 diciembre 2008

Enjabonarse, todo un arte

Tengo debilidad por los jabones, y no debo de ser la única ni la primera. De hecho ya los egipcios empleaban una mezcla de aceite, agua y ceras vegetales o animales para fabricar una especie de jabón. Los restos de jabón más antiguos se encontraron en tarros de arcilla de origen babilónico de alrededor de 2.800 a.C. Las inscripciones en los cilindros describen la mezcla de grasas hervidas con cenizas. La referencia literaria más temprana acerca del jabón fue encontrada en las tabletas de arcilla mesopotámicas fechadas a partir del tercer milenio a.C. aunque con un uso medicinal. Los fenicios alrededor del siglo 600 a.C. utilizaban jabón en la limpieza de las fibras textiles de lana y algodón, como también en la preparación para tejer los paños. El tratamiento de la grasa con las cenizas se ha practicado en el Oriente Medio por lo menos durante 5.000 años. Los antiguos hebreos detallaron las leyes que gobernaban la limpieza personal y las escrituras bíblicas sugieren que se sabía que las cenizas y el aceite al mezclarse daban una clase de producto para lavarse el cabello. Los egipcios pueden haber hecho un descubrimiento semejante. De hecho también existe un papiro egipcio del 1.550 a.C. que hace referencia a la utilización de sustacias jabonosas para el lavado de ropa y para el tratamiento de enfermedades de la piel.
Por su parte, la leyenda romana afirma que el jabón fue descubierto por el agua de la lluvia que caía y se acumulaba a los lados del monte Sapo, junto al río Tiber. La grasa de los numerosos sacrificios animales se mezclaría con las cenizas de madera de los fuegos ceremoniales y los esclavos o las mujeres notarían sus propiedades para limpiar, primero sus manos y luego las prendas de vestir. En el siglo I d.C., el historiador romano Plinio el Viejo describió las diversas formas de jabones duros y blandos que contenían colorantes, conocidos como "rutilandis capillis", que utilizaban las mujeres para limpiar sus cabellos y teñirlos de colores brillantes.
Con todo, estos primeros jabones tenían un aspecto y una textura toscas y un color amarronado, y dejaba impurezas en la piel, y no es hasta el siglo XIX, cuando los científicos descubren el papel de las bacterias en el desarrollo del mal olor, coincidiendo con la aparición de los primeros desodorantes.
Pero el baño tiene su origen como rito purificador en todas las culturas, desde el bautismo cristiano hasta la inmersión en las aguas del Ganges. En Grecia, el baño precedía cualquier ceremonia importante; en Roma se construyeron las temas, piscinas de mármol comunitarias convertidas en lugar de reunión; los árabes practicaban los baños más refinados y sibaritas. Inventaron el haman, o baño de vapor; en la Edad Media, los baños públicos eran habituales para la plebe, mientras la aristocracia se daba "baños turcos", costumbre traída de Oriente por los cruzados.
En el 476 d.C., tras la caída del Imperio Romano, casi desaparece el uso del jabón al cerrar los baños públicos y el desinterés por el aseo personal.


Baño medieval

Es en el siglo VII, en España, Francia e Italia, cuando surge verdaderamente la fabricación del jabón, pero los Monopolios Reales lo gravan con unos elevados impuestos, convirtiéndolo en un artículo de lujo, al alcance de las clases altas.
Hay una falsa idea popular que sostiene que en la Edad Media la gente no se bañaba a menudo. Al contrario, había muchos baños públicos. Los nobles y los comerciantes ricos tenían sus propios baños privados con grandes tinas de madera y empleaban abundantemente las barras del jabón. Fue durante la Baja Edad Media, cuando el bañarse cayó en desgracia. Los baños públicos eran cerrados porque las autoridades de entonces pensaban que estos baños promovían la extensión de la peste. La gente del Renacimiento no era muy afecta a conservar el cuerpo limpio y prefería en cambio cubrir los olores con perfumes.
Es a partir de 1.789, con la desaparición de los Monopolios Reales, que emerge realmente la industria del jabón y es posible poner el producto al alcance de todos convirtiéndose su uso en un hábito social diario que favorece la desaparición de enfermedades de la piel y su contagio, sobre todo en los niños.
En las colonias que darían lugar a los Estados Unidos de América, los aceites y grasas procedentes de varias fuentes se ponían a hervir con una solución cáustica alcalina para obtener jabón bruto. Esta reacción se denomina saponificación. Con estos ingredientes los primeros pobladores elaboraban un jabón suave y gelatinoso de color pardo para uso cotidiano. Dado que se empleaba el mismo sebo fundido de reses y ovejas para hacer tanto jabones como candelas, o velas, era común que el candelero (fabricante y vendedor de velas) se encargara también del jabón. Cuando terminaba la ebullición de la mezcla, solía añadirle sal que aportaba consistencia a las barras y facilitaba el transporte, así como lavanda, alcaravea u otros aromatizantes.
A comienzos del siglo XX el jabón se había convertido en un artículo de consumo mundial. En 1.894 llegó a promocionarse en el reverso de los sellos postales de Nueva Zelanda. Sin duda, se había ganado una buena reputación.
Ahora han vuelto a ponerse de moda los jabones vendidos sin envoltorio, y parecen exquisitos quesos. ¡No hay que equivocarse aunque den ganas de comérselos!

Fuentes
http://www.mundobelleza.com/historia/jabon.htm
http://www.autosuficiencia.com.ar
http://losjabonesdemerche.blogspot.com/2008/02/un-poco-de-historia.html
http://es.shvoong.com/humanities/425709-lujo-necesidad-la-historia-del/
http://www.enjabonarte.es/
http://labujeria.wordpress.com/2008/07/18/higiene-en-la-edad-media/

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