07 diciembre 2008

Pequeños geniecillos

No nos equivoquemos. Hay dos tipos de estimulación precoz, aquélla indicada para niños con problemas de psicomotrocidad, o que presentan alguna discapacidad sensorial, por ejemplo, y la estimulación temprana normal que los padres podemos (y debemos) dar a nuestros hijos. Hay escuelas que "estimulan precozmente" a los niños con conocimientos de tipo enciclopédico, o forzándolos a tocar un instrumento cuando aun el niño no puede mantener una disciplina. Es recién a partir de los 4 años que el niño puede empezar a ser organizado (y digo empezar). Por lo tanto hasta entonces, no está neurológicamente listo para seguir unas reglas estrictas. Pareciera que hace trampas en el juego, pero lo cierto es que él sigue su lógica que no es aun la de un niño mayor, y nuestro cometido es seguirlos en esa lógica, sin olvidar que también existe "nuestra" lógica, que vamos incluyendo muy de a poco en el "programa". Eso significa que imponerles una lógica para la cual no están preparados los niños es frustrarlos en su ímpetu investigador. Eso no significa que los padres no debamos alimentar la imaginación de los niños, impulsarlos a jugar y a crear, leerles cuentos, cantarles canciones, bailar con ellos, ir con ellos al parque a investigar las especies de árboles y frutos, hacer volcanes de arena, pasearnos con ellos por el barrio para que se familiaricen con su entorno más cercano con el fin de que un poco más adelante sepan guiarse solos y se sociabilicen con los vecinos, cocinar con ellos, permitirles participar a su modo de todo lo que nosostros hacemos, incluso usar el ordenador o la computadora, llevarlos a conciertos, a museos... Nos soprenderá ver cómo un niño de dos años nacido en esta época se apaña perfectamente con el teclado. Pero de ahí a imponerles el estudio de todas las clases de animales o el nombre de los países, si no parte del niño, es una insesatez.
Hay que saber que estos programas de estimulación precoz fueron en origen propuestos para niños con problemas psicomotrices o que no respondían a los estímulos exteriores de forma normal. No tiene ningún sentido someter a un niño normal a estos programas si somos capaces de estimularlos naturalmente, a jugar, a escuchar, a inventar, a investigar, a parlotear y a preguntar, y a participar de nuestra actividad, e incluso puede llegar a ser perjudicial. Es errónea la creencia de que si los "estimulamos" prematuramente en base a una guía preconcebida, nuestros hijos saldrán superdotados o serán pequeños geniecillos. Nada más lejano si no surge de ellos mismos...

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