03 diciembre 2008

Una historia de esponjas

Las esponjas son animales acuáticos (metazoos o poríferos) que viven generalmente fijados a las rocas del fondo de los océanos. No son plantas, aunque lo parecen, pues su superficie gelatinosa está llena de poros por los que absorben cantidades enormes de agua, actuando así como filtros limpiadores del agua de mar. Carecen de boca y pueden vivir solas o formar colonias.

Su pesca se remonta a muchos siglos atrás, especialmente en Grecia, en donde destaca la isla de Kalymnos. Se las nombra ya en las obras de Homero, la Ilíada y la Odisea. Durante el pasado milenio aproximadamente, los pescadores de esponja fueron griegos ortodoxos muy devotos, y hoy en día muchos de los barcos pesqueros de esponja llevan un pequeño sitio sagrado dedicado a San Nicolás, el patrón de los marineros.

Cuando son pescadas, las esponjas adquieren un aspecto negro y deben pasar por un proceso de purificación antes de que puedan ser vendidas. Lo que compramos no es más que el esqueleto, limpio, fresco, de un color dorado y suave.

El oficio de buzo pescador de esponjas siempre fue peligroso y requería valentía, astucia, y mucha fuerza para poder arrancar las esponjas de su asidero. Al principio los buzos se sumergían en las aguas desnudos pudiendo alcanzar hasta los 30 metros de profundidad. Muchos siglos más tarde se introdujo el traje de buzo, el primer equipo de buzo mecánico, con su vestido de caucho y casco de latón o bronce y sistema de bomba, que les permitía a los pescadores permanecer a 50 metros bajo el agua durante dos horas seguidas, unidos al barco por una larga manguera de caucho reforzada con acero. El casco tenía unas mirillas de cristal y estaba provisto de una válvula por la cual el buzo recibía el aire. A pesar de ello, los griegos desconocían las reglas para la inmersión y la respiración, y muchos buzos no volvían de la expedición a las profundidades del mar...

El peligro residía en lo que se llama la descompresión: una vez que el buzo se sumerge aumenta la presión externa en función de la profundidad y el buzo debe poder respirar aire comprimido a la misma presión que el agua circundante para que sus pulmones no se aplasten, lo que hace que la cantidad de gases disueltos en la sangre del buzo aumente. Cuando se asciende de regreso a la superficie debe permitirse que estos gases sean expulsados del torrente sanguíneo de forma paulatina. Si se sube demasiado deprisa, este gas formará burbujas en los tejidos del cuerpo, obstruyendo venas y arterias, lo que provoca la muerte de los tejidos irrigados por dichos vasos sanguíneos. El desconocimiento de ésto hizo que se hablase de la "enfermedad de los buzos". Si se forman burbujas de nitrógeno en el cerebro o en la médula espinal o en los nervios periféricos, estas burbujas pueden ocasionar la parálisis del buzo, entumecimiento de las extremidades, o de las articulaciones, e incluso la muerte.

En 1970 el pesado traje de buzo fue reemplazado por el traje de neopreno, un material mucho más liviano; así los buzos nadan libremente, gracias también al aire que reciben desde el barco mediante el llamado "nargile".

En los viejos tiempos, el ritmo de vida en Kalymnos giraba en torno a la partida y el temido retorno de la flota de la esponja. Poco después de Pascua, la flota partía y era despedida por todos los habitantes de la isla. Las festividades, a cargo de los sacerdotes, comenzaban con la bendición de los barcos y con la realización de una serie de ritos con agua bendita encaminados a desear un buen viaje a los hombres. La despedida culminaba con una "cena de amor" en la que finalmente se despedían amigos y novios pero también familias enteras.

Fuente
MareNostrum
Imagen
Vielong

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