24 diciembre 2008

Henri Rousseau, el pintor naif




Henri Julien Félix Rousseau, llamado "El aduanero Rousseau" nació en Laval, ciudad del valle del Loira en el norte de Francia, el 21 de mayo de 1844. Su padre era un pequeño fabricante de lámparas de aceite y hojalatero y su madre nieta de un oficial de infantería de Napoleón.

La casa natal de Henri era una torre medieval que formaba parte de las antiguas murallas de Laval, conocida como la Porte Beucheresse. Pero en 1855 el negocio del padre quebró y la familia se vio forzada a abandonar la casa, quedando prácticamente en la indigencia. Rousseau empezó a simultanear trabajo y estudios. Intentó estudiar Derecho, pero las circunstancias eran precarias y no logró graduarse. Trabajó como pasante en un bufete de la ciudad de Angers, un trabajo mal pagado del que fue despedido por hurtar sellos.
Tras la pérdida del puesto de trabajo buscó refugio en el ejército y, en 1863, se enroló en la infantería durante cuatro años.

En 1868 contrajo matrimonio con Clémence Boitard, con la que tuvo siete hijos, de los que solo una niña llegó a la edad adulta. Ese mismo año murió su padre y Henri decidió ayudar a su madre enviudada. Se trasladó a París, donde consiguió un puesto de funcionario (agente de aduanas de segunda clase) en la Oficina de Recaudación de Arbitrios de París. En 1871 fue promovido a recaudador.

Empezó a pintar en serio con poco más de cuarenta años, y a la de edad de 49 se retiró de su puesto en la administración para dedicarse de lleno a la pintura.

En 1888 falleció su esposa Clémence, y el artista, nuevamente en situación de penuria económica, fue acogido por el escritor Alfred Jarry.

En 1899 se casó con una viuda, Joséphine Noury.

Henri Rousseau murió el dos de septiembre de 1910 en el hospital Necker de París.

Henri Rousseau dedicaba mucho tiempo a cada uno de sus cuadros, y de ahí que su obra sea relativamente escasa.

A pesar de las intenciones "realistas", en la obra de Rousseau destacan el tono poético, lo exótico y, sobre todo, su estilo naíf, intuitivo, con esa aparente sensibilidad infantil propia de artistas con poca o nula formación académica imposible de incluir en las corrientes artísticas de su época, pero por el cual se le otorga un lugar destacado en la pintura francesa de finales del XIX y principios del XX, junto a sus coetáneos impresionistas, fauvistas y cubistas.

Su inspiración provenía de libros con ilustraciones y de los jardines botánicos de París, así como de dibujos de animales salvajes disecados. También había conocido a soldados durante su servicio militar que habían sobrevivido a la expedición francesa a México y había escuchado sus historias. Según el crítico Arsène Alexandre, el pintor describía sus visitas frecuentes al Jardín de las Plantas de esta manera: “Cuando me introduzco en los invernaderos de cristal y veo las extrañas plantas de tierras exóticas, tengo la sensación de entrar en un sueño”.

Junto a sus escenas exóticas también pintó pequeñas representaciones de la ciudad de París y sus alrededores. Éstas tienen en ocasiones detalles relacionados con el progreso técnico y científico de la época: chimeneas de fábricas, aerostatos, dirigibles, postes de telégrafo, biplanos, etc. Estos cuadros representan a menudo lugares que él frecuentaba.

Rousseau afirmó, asimismo, haber inventado un nuevo género pictórico al que denominó retrato-paisaje, que consistía en comenzar el cuadro con una vista general de, por ejemplo, uno de sus lugares favoritos en París, añadiendo luego una persona en primer plano. Así ocurre, por ejemplo, en su autorretrato titulado Moi-même (Yo mismo, 1890).

En sus retratos, sean o no retratos-paisajes, los personajes están rígidos, en pose, casi inexpresivos, frecuentemente con los ojos muy abiertos y "mirando" frontalmente al espectador. Si los personajes son varios, están yuxtapuestos: uno al lado del otro. El paisaje de fondo, cuando lo hay, parece estar en el mismo plano por la falta de perspectiva.

La gitana dormida (La bohémienne endormie) es un óleo sobre lienzo pintado por Rousseau en 1897. La representación fantástica de un león que acecha a una mujer que duerme en una noche iluminada por la luna es una de las obras de arte más reconocibles de los tiempos modernos.

Rousseau exhibió el cuadro por primera vez en el XIII Salon des Indépendants e intentó sin éxito venderlo al alcalde de su ciudad natal, Laval. En lugar de eso, pasó a formar parte de la colección privada de un comerciante de carbón de París, donde permaneció hasta 1924. En 1939 fue adquirido por la señora Simon Guggenheim, quien lo donó al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

El cuadro ha servido de inspiración para la poesía y la música, y ha sido modificado y parodiado por varios artistas, a menudo con el león sustituido por un perro u otro animal. En el episodio de los Simpson “Mamá y el arte pop”, Homer sueña que se despierta dentro de la obra de arte con el león lamiéndole la cabeza.

Rousseau frecuentemente desconoce u olvida las perspectivas y las proporciones. En su obra, los claroscuros no sirven para dar profundidad ni una impresión de contorno, con lo que sus figuras suelen parecer "planas".

Su técnica habitual era la de capas de óleo, comenzando por los cielos y el fondo y concluyendo con la figuración de los personajes y animales. Cuando pintó "junglas" llegó a usar unas cincuenta tonalidades de verde.

Generalmente el acabado de la superficie es con un "glaseado", una especie de satinado y/o barnizado, sabiamente dispuesto que le aporta un brillo equilibrado a la obra.

Rousseau declaró que no tuvo otro maestro que la naturaleza, aunque admitió haber recibido algunos consejos de dos pintores academicistas: Félix-Auguste Clément y Jean-Léon Gérôme.

En 1866 —época en que pintaba principalmente retratos y escenas parisinas— expone invitado por los antiacademicistas en el Salon des Indépendants. El primer cuadro que expone es Soirés au carnaval (Velada en carnaval). Es entonces cuando recibe los elogios de Paul Gauguin; Georges Seurat; Félix Valloton, que llega a afirmar que las obras de H.Rousseau son el Alfa y Omega de la pintura); y el crítico Wilhelm Uhde, quien lo señala en su tratado Cinco grandes maestros primitivos (Rousseau, Bauchardt, Bondois, Séraphine, Vivies). Poco a poco Rousseau logra hacerse reconocer por pintores vanguardistas como André Derain y Henri Matisse; entabla amistad con Robert Delaunay, Guillaume Apollinaire y, bastante después, con el español Pablo Picasso.

En 1905 Matisse elogia el cuadro de Rousseau titulado El león arrojándose sobre el antílope expuesto en la primera exhibición de los Fauves.

En 1907 la madre de Robert Delaunay, Berthe, condesa de Delaunay le compra el cuadro La encantadora de serpientes.

En 1908 Picasso encuentra a Rousseau intentando vender sus cuadros en las calles de París. Picasso, ya bastante célebre, reconoce el genio de Rousseau y le ofrece un banquete de homenaje (mitad burlesco, mitad serio) en el atelier que el español poseía en el Bateau-Lavoir.

http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Rousseau

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