28 octubre 2008

Los Estados Unidos del Ánimo

Quizás te hayas preguntado alguna vez por qué tu humor cambia. De pronto te sientes contento, luego te ofuscas, luego te desanimas, luego te ríes a carcajadas, vuelves a sentirte alegre y optimista, o te enfadas, o te sientes triste y lo ves todo negro, oscuro y muy oscuro, pesimista... Te crees que solo a ti te ocurre, pero a todos nos pasa exactamente lo mismo. Nuestro estado de ánimo fluctúa, como la marea. Sube y baja. Está embravecida o calma. Chisporroteamos como la espuma, a veces como fuegos artificiales, otras veces nos hundimos en un pantano de penurias y no queremos ni levantarnos de la cama. ¿Por qué no nos mantenemos de un humor estable?
Bueno, hay personas cuyo humor fluctúa más que el de otras. Hay personas más estables y otras más cambiantes. También hay personas que tienen más sentido del humor que otras y esto puede tener que ver con la cultura, aunque no siempre ni necesariamente. Pero lo normal es que todo lo que nos ocurre influya de alguna manera en nuestro estado de ánimo. Sería raro que una persona no se alegrase cuando todo le va de perillas o que no se asustase ante el peligro o no se enfadase cuando desaprueba algo, o no se frustrase o amargarse cuando siente que el mundo está patas arriba y todo le sale al revés de lo que esperaba.
¿Y dónde se producen esos cambios de humor? ¿En la cabeza, en el estómago, en el rostro, en el corazón, en el "alma"? El origen del término humor viene de la teoría de los cuatro humores del cuerpo de la medicina griega, que según ellos regulaban el estado de ánimo: la bilis, la flema, la sangre y la bilis negra o atra bilis. Lo cierto es que todo pasa antes que nada por nuestro cerebro que es el que controla, evalúa, elabora los estímulos que le llegan desde dentro y desde fuera y gobierna nuestro organismo. De ahí que a veces sentimos angustia y nos duele el estómago o sentimos una opresión en el pecho, por ejemplo cuando tenemos que enfrentarnos a un examen de matemáticas, o lloramos, a veces de pena, a veces de risa, o nos ruborizamos si sentimos vergüenza. Nuestros cambios de humor se revelan de muchas maneras, y no son malos, sino todo lo contrario. Nos sirven para expresarnos, para aliviarnos, para comunicarnos, y su origen lo registramos en los animales cuyo estado de ánimo también cambia. Es por tanto algo que tiene que ver con la parte más primitiva de nuestro cerebro, pero que nosotros, a diferencia de los animales podemos también expresar en palabras, definirlos, controlarlos y estudiarlos. La parte más primitiva de nuestro cerebro, el llamado "cerebro reptilíneo", se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo de apareamiento, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas de enfrentamiento o huída. También se le llama cerebro emocional o protocerebro. Es decir, nuestro cerebro se conforma a partir y sin perder las formas más primitivas del cerebro propia de los reptiles, de ahí que conservemos intactas nuestras emociones.

Los Estados Unidos del ÁnimoSocialTwist Tell-a-Friend

0 Deja un comentario: