29 octubre 2008

El patito feo y todos nuestros monstruos

Todos hemos leído El patito feo de Hans Christian Andersen, y nos hemos identificado con él. Cisne, en realidad, criado por una pata muy cariñosa y despreciado por sus hermanastros los patos, el patito feo conquista enseguida nuestro corazón.
No es porque pronto se festeje Halloween (yo personalmente no lo festejo), que me ha surgido la idea de hablar de ciertos personajes algunas veces verdaderamente monstruosos de la vida real y de la literatura de ficción que mucho más que el patito feo nos resultan siniestros y horripilantes y sin embargo entrañables.
Hay quien dice que lo siniestro nos atrae pero también que tendemos a identificarnos con los más débiles.
Pero lo cierto es que todos sabemos que, o bien las apariencias engañan, o bien que no engañan. La fealdad exterior a veces, no siempre, desde luego, puede ser el reflejo de una gran belleza interior. Pero hubo (y sigue habiendo) quienes en cambio creyeron y afirmaron sin basarse en nada que la fealdad exterior o la mera diferencia, eran signo de maldad infinita, enfermedad mental y delincuencia.

En fin.

Los monstruos o feos por excelencia de la literatura, a veces basada en la vida de personajes reales, son sin lugar a dudas, Cyrano de Bergerac, personaje que vivió de verdad, Quasimodo o el jorobado de Notredame, Frankenstein, el Hombre Elefante, que también vivió de verdad, y Shrek. Y si queremos más, también tenemos a los antihéroes del cine, que sin ser monstruosos no son precisamente príncipes azules, pero nos enamoran, como Woody Allen y Charles Chaplin y algunos otros que ahora no se me vienen a la cabeza, aunque hay muchos.

Inspirado libremente en la vida de Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac (6 de marzo de 1619 París- 28 de julio de 1655), un excéntrico poeta, escritor y filósofo francés del siglo xvii, Edmond Rostand compuso un romántico drama que obtuvo en su estreno en 1897 un éxito clamoroso. El protagonista, espadachín terrible, polemista violento, brillantemente locuaz pero célebre sobre todo por su desproporcionada nariz, ama desesperadamente pero en secreto a su prima Roxana, que, a su vez, está enamorada de Christian, un atractivo cadete poco inspirado que logra que Cyrano sea quien escriba las maravillosas cartas de amor que él, el joven cadete, enviará a la joven. Sólo mucho después de la muerte de Christian, Roxana descubrirá la verdad...

Nuestra Señora de París es una novela del famoso escritor francés Victor Hugo, escrita en 1831 y que se centra en la desdichada historia de Esmeralda, una gitana, y Quasimodo, un jorobado sordo, en el París del siglo XV.
La novela se inicia con unas celebraciones populares, con motivo de la epifanía de 1482 en el Palacio de Justicia. Los personajes son: Esmeralda, la bailarina gitana, Quasimodo, un deforme y feo jorobado que se encarga de las campanas de la Catedral de Notre Dame, el archidiácono Claude Frollo, padre adoptivo del campanero y el capitán Febo de Cháteaupers de quien Esmeralda está enamorada. Frollo, atraído por la bailarina, pide a su protegido Quasimodo que la rapte. Sin embargo, la intervención del capitán Febo impide la consumación del secuestro y lleva a Quasimodo a la condena del suplicio público. Quasimodo es azotado en la plaza, y recibe todo el odio y los insultos del pueblo, que lo detesta por su fealdad. Pero Quasimodo pide agua y la gitana Esmeralda es quien, apiadada, sube al patíbulo para calmar su sed. Entonces, del ojo seco y encendido hasta entonces de Quasimodo, se desprende una lágrima en agradecimiento hacia la gitana. Pero Frollo se siente frustrado por el secuestro fallido, y celoso del capitán Febo, lo apuñala en el momento en que se hallan juntos Febo en una habitación con Esmeralda. Pese a que Febo no muere, la joven es acusada del crimen, y se la condena a la horca, mas durante su arrepentimiento público, previo a la ejecución sin que nadie se hubiera preocupado por él, Quasimodo se ingenia para rescatar a Esmeralda atando fuertemente a las columnillas de la galería una gruesa cuerda de nudos cuyo extremo colgaba hasta la escalinata. Cuando los ayudantes el verdugo se disponían a ejecutar la flemática orden de Charmoule, saltó al otro lado de la balaustrada de la galería, cogió la cuerda, corrió hacia los dos verdugos hasta derribarles con sus enormes puños para coger a la gitana de una mano, y de un solo salto llegar hasta la iglesia, alzando a la joven sobre su cabeza y gritando con voz estentórea: "¡Asilo!". "¡Asilo! ¡Asilo!" repitió la muchedumbre y diez mil aplausos hicieron refulgir de alegría y de orgullo el único ojo de Quasimodo.
Tras otra serie de hechos la historia acaba con la muerte de Quasimodo sobre el cadáver de Esmeralda cayendo del campanario de la Catedral...

El hombre elefante (The Elephant man) es una película estadounidense del año 1980, dirigida por David Lynch. La película rodada en blanco y negro y basada en hechos reales, se desarrolla en la Inglaterra del siglo XIX y narra la vida de Joseph Merrick, personaje que se hizo célebre en su época por las terribles deformidades que padecía y por su notable bondad e inteligencia. Aunque todavía no se sabe con absoluta certeza, se cree que Joseph Merrick pudo padecer una grave variación del síndrome de Proteus, del cual representaría el caso más grave conocido hasta el momento, a causa de un accidente que tuvo su madre antes de darle a luz.
Según su propio testimonio, recordaba que de niño nunca pudo jugar con sus compañeros de colegio puesto que sus piernas y su cadera deformadas se lo impedían. A partir de entonces el coraje y la valentía para sobreponerse a su atroz enfermedad serían las constantes que definirían su vida. Su madre, Mary Jane, se empeñó en escolarizarlo. Ella, aunque procedía del campo y de familia muy humilde, sabía leer y escribir y colaboraba dando clases dominicales a los niños que no podían acudir a la escuela durante la semana porque tenían que trabajar. Como las deformaciones de Joseph empezaban a ser ya espectaculares, muchas personas le hacían corros en la calle para observarlo, hecho que hizo que Mary Jane lo llevara y trajera personalmente del colegio. También lo llevaba consigo cuando daba clases en la escuela dominical. Así Joseph pasó toda su infancia literalmente pegado a su madre. A la muerte de su madre, se queda completamente solo y en este punto es donde comienzan todos sus padecimientos. Su padre volvería a casarse con una viuda con dos hijos. Su madrastra y hermanastros no lo aceptaron y, además de las vejaciones continuas que le propinaban, le exigieron que trabajase y ganase dinero para contribuir al sustento de la familia. Le reprochaban continuamente que se escudaba en sus malformaciones para no tener que emplearse y así poder hacer el haragán. Joseph recordaba que su madrastra solía quitarle el plato de comida cuando todavía estaba a medio terminar recriminándole que con lo poco que aportaba al hogar, lo que se había comido era mucho más de lo que merecía. Ante la insistencia de la madrastra, y gracias a la colaboración de su tío Charles Merrick, Joseph consiguió emplearse en una fábrica de puros en la que estuvo trabajando durante dos años hasta que su gigantesca y deformadísima mano derecha le impidiera seguir liando hojas y, consecuentemente, lo despidieran. Su padre, al que posteriormente en su autobiografía le reprocharía que nunca lo quiso como a un hijo, le consiguió una licencia de vendedor ambulante. Con un carrito, Joseph recorría las calles de Leicester vendiendo artículos de la mercería de su padre. En pleno desarrollo de la adolescencia, las dolencias de Joseph iban a más y su aspecto era ya impactante y su labor como vendedor era un fracaso total. La gente o no le abría la puerta porque ya sabían que era él el que llamaba o no le compraban nada arguyendo que no lo entendían. Los sucesivos ultimatos de su madastra a su padre y una última paliza hicieron que Joseph se marchara de casa para siempre a la edad de 15 años. Tras otra serie de sucesos decide que exhibirse en las ferias es la única salida para él. La idea no le gustaba nada pero sabía que no tenía otra opción. Supo por el periódico que un conocido promotor de ferias llamado Sam Torr estaba en Leicester y decidió escribirle contándole su situación. El promotor en cuanto lo vio lo incorporó en su feria y así Joseph empezó su andadura por Inglaterra exhibiéndose. Su número era una gran atracción. El doctor Frederick Treves, interesado en las deformaciones vio a Joseph por primera vez en las postrimetrías de 1884 cuando se exhibían delante del London Hospital. La exhibición en Londres continuó hasta casi la primavera de 1885, cuando fue cerrada por las autoridades. No era la primera vez que la exhibición de Joseph era clausurada por encontrarla indecente debido al sorprendente aspecto que tenía. En casi todos los lugares donde trabajaba, su exhibición era cerrada. Viajó a Bélgica, pero allí las prohibiciones de exhibirse eran aun más duras con lo cual decidió regresar a Inglaterra. Llegó a la estación de Liverpool Street en Londres hacia las siete de la mañana de un día de diciembre de 1886. Al bajar del tren la gente se dio cuenta de su presencia y le empezaron a increpar, a hacer corros e intentar quitarle la gorra con el velo que escondía su cara. Joseph intentó escapar inútilmente. Cuando llegó la policía, Merrick estaba al borde de un ataque de locura, hablaba atropelladamente y no se podía hacer entender. No conocía absolutamente a nadie en Londres y no conocía la ciudad ya que a pesar de haber recorrido toda Inglaterra jamás salía de su caravana o de su lugar de exhibición. A las preguntas de la policía sólo acertó en enseñar la tarjeta del doctor Treves que había conservado durante casi dos años. Treves fue llamado a la estación y se lo llevó consigo al London Hospital que en realidad no admitía pacientes crónicos. Pero el director del hospital tuvo la idea de insertar un anuncio en la prensa solicitando ayuda económica para hacer un fondo para Joseph y así justificar su internamiento en el hospital de por vida. La respuesta de la sociedad inglesa fue un éxito; se recibieron cuantiosas sumas de dinero. Solucionado el tema económico, se habilitaron unas habitaciones para Joseph que se convertirían en su último hogar. Nuevamente logró cotas de repercusión impensables cuando la propia Alexandra, Princesa de Gales, y el Duque de Cambridge se interesaron personalmente por la suerte del infortunado Merrick. Sería ahí donde Merrick, una vez alcanzada la paz que tanto había ansiado, se dedicó a sus dos grandes pasiones: la lectura de novelas románticas y la escritura. También, pronto, y persuadido por Treves, Merrick comenzó a recibir visitas, a las cuales siempre sorprendió con su extraordinaria educación y sensibilidad. De entre las numerosas personalidades con las que se entrevistó destaca la de la Princesa de Gales, a quien recibió en varias ocasiones.
Una mañana de Abril de 1890, a los 27 años de edad, en la etapa más feliz de su vida, Joseph Carey Merrick fue encontrado muerto en su cama. Treves, tras un examen, concluyó que murió de asfixia al quedarse dormido.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada

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