17 octubre 2008

Alquimia, química y otras mezcolanzas

Tengo que decir que soy una persona muy afortunada porque siento interés por todas las cosas. Seguramente esto se debe a mis antepasados de los que llevo algunos genes bien diferentes. Un bisabuelo mío, el abuelo de mi madre fue químico y mi madre pintora y ceramista que gustaba de hacer experimentos con los esmaltes... Así es que a mí todo lo que tenga que ver con la química me entusiasma, y también a mi hija que no deja pasar muchos días sin hacer algún potingue interesante mezclando ingredientes de lo más inesperados y con resultados sorprendentes.
Por lo tanto en esta entrada hablaremos de la alquimia, precursora de la química, y de la química.

Tengo en mis manos un bonito libro que versa sobre alquimia. Su autor, Stanislas Klossowski de Rola defiende la importancia de la alquimia a capa y espada: no se trata de una predecesora inmadura, empírica y especulativa de la química, dice, cuyo objetivo fuera transmutar los metales en oro. La alquimia era mucho más que eso. Mientras la química se ocupa de los fenómenos científicamente verificables, la misteriosa alquimia atendía a una realidad escondida de orden superior que subyace a todas las religiones y verdades. La Perfección de esta esencia se denomina Absoluto y puede ser percibida como la Belleza de toda Belleza, el Amor de todo Amor y lo Más Alto de lo Más Alto solo con que la conciencia cambie profundamente y pase del nivel de la realidad cotidiana (el plomo) a un nivel de percepción más sutil (el oro). La alquimia así considerada sería un arco iris que atraviesa el abismo que va del plano terrenal al celestial, de la materia al espíritu. Puede parecer que como el arco iris, no está a nuestro alcance, pero no por correr con el objetivo de hallar una montaña de oro, el camino se nos facilitará. Pero ¿qué pretendían en realidad los alquimistas? De acuerdo con Pierre-Jean Fabre, conocer el centro de todas las cosas, lo que en lenguaje divino se llama el Espíritu de la Vida. Pero la alquimia no era únicamente una búsqueda espiritual aunque éste fuera un componente esencial para ser un verdadero alquimista. Los verdaderos alquimistas querían hallar la Medicina Universal, la Panacea, la Fuente de la Juventud, el Elixir de la Vida y la Llave de la Inmortalidad, tanto en lo físico como en lo espiritual. El proceso culminaba cuando se hallaba la Piedra Filosofal.
La primera tarea para el discípulo que quisiera internarse en ella consistía en la búsqueda de la Materia Prima que nadie sabría decir exactamente de qué se trataba pero que iba unida a la purificación del discípulo bajo determinados signos del zodíaco. Para poder penetrar los secretos de la alquimia, resumiendo, había que pasar por tres fases: la de la purificación mediante sucesivas destilaciones y solidificaciones de la Materia Prima; una segunda fase de cocción, digestión y fijación en la que el azufre se convierte en incombustible; y tres, la fermentación y la multiplicación que indica que se ha alcanzado la Perfección, una tintura fija y permanente: la Piedra Filosofal.

De la alquimia pasamos a la revolución química que se da con Antoine Lavoisier (1743-1794) con la publicación de su Tratado elemental de la química en París en 1789 en la que alude a nuevas concepciones sobre los elementos y la composición de los cuerpos y contiene la primera tabla de sustancias simples en sentido moderno aunque aun con algunas imperfecciones que seríán corregidas más tarde. La hipótesis atómica de John Dalton (1766-1844) fue formulada a principios del siglo XIX y marcó el comienzo del cálculo sistemático de pesos atómicos para todos los elementos. Las ideas de Dalton no fueron universalmente aceptadas por los químicos del siglo XIX. Además de otros aspectos, para el cálculo de los pesos atómicos era necesario realizar algunas "hipótesis a priori" imposibles de comprobar durante estos años, lo que permitió el mantenimiento de la polémica durante un largo período de tiempo. En el siglo XIX también aparecerían libros dedicados a la química aplicada al arte y a la medicina dando lugar a la aparición de la toxicología con Mateu Josep Bonaventura Orfila i Rotger (1787-1853). Su libro Éléments de chimie fue publicado por primera vez en 1817 en París y se convirtió en uno de los principales manuales de enseñanza de la química de la primera mitad del siglo XIX, con ocho ediciones en francés y traducciones a numerosas lenguas como el castellano, italiano, alemán, inglés y holandés.
Además de la obra de Orfila, una de las más reeditada fue la escrita por Jean Louis Lassaigne (1800-1859), profesor de la Ecole Veterinaire d'Alfort (Francia). Su Abrégé élémentaire de chimie considérée comme science accessoire à l'étude de la médecine, de la pharmacie et de l'histoire naturelle, fue publicado por primera vez en 1829 y reeditado en cuatro ocasiones. Lassaigne estudió química en el laboratorio de Nicolas Vauquelin (1763-1829) y, en 1828 obtuvo, la cátedra de que ocupaba Dulong en Alfort, cerca de París. Lassaigne es un buen representante de las actividades docentes e investigadoras de los médicos-químicos de esos años que se reunían en las sesiones mensuales de la Société de Chimie Médicale de Paris. Descubrió nuevos alcaloides y realizó investigaciones toxicológicas sobre el fósforo y el ácido cianhídrico. Al igual que sus colegas, no se limitó a las aplicaciones médicas de la química: también realizó aportaciones en el terreno de la "química aplicada a las artes": investigó las propiedades de ciertas sales de cromo para aplicarlas a la tintura de telas y, en 1831, obtuvo una medalla de la Société d'Encouragement de l'Industrie por sus trabajos sobre la elaboración de esmaltes para la cerámica.

La lámina que se reproduce forma parte de la edición española de su libro de texto y recoge la coloración de diversas disoluciones formadas por ácido arsenioso (un producto de evidente interés toxicológico) con
1.- Ácido sulfhídrico.
2.- Sulfato de cobre y amoníaco.
3.- Agua de cal.
4.- Potasa y nitrato de plata.
5.- Potasa y cloruro de cobalto.
6.- Potasa y cloruro de níquel.
7.- Una disolución acidulada con ácido sulfúrico y puesta en contacto con una lámia de cinc.

Alquimia, química y otras mezcolanzasSocialTwist Tell-a-Friend

0 Deja un comentario: