07 mayo 2008

Pedro y el lobo (cuento)

Pedro y el lobo
Sergei Prokofiev

Imagen del corto animado de Suzie Templeton
Oscar® 2008 al Mejor Corto de Animación
Premio SE-NA, Polonia
© 2008 de la traducción del inglés por Liliana Kancepolski

Una mañana temprano, Pedro abrió el portón de su casa y salió a dar una vuelta por el verde prado.
En la rama de un enorme árbol estaba Pequeño Pájaro, amigo de Pedro. "Todo parece tranquilo", gorjeó alegremente Pequeño Pájaro. Pero justo entonces una pata apareció por ahí y se puso a corretear y a dar vueltas. Contenta de que Pedro no cerrara la puerta había decidido darse un buen baño en el lago.
Al ver a la pata Pequeño Pájaro bajó de su rama, se posó sobre la hierba y encogiéndose de hombros le dijo: "Qué clase de pájaro eres que no puede volar?", a lo que la pata respondió: "¿Qué clase de ave eres tú que no puede nadar?", y se echó de cabeza al agua. Discutieron y discutieron, el pato nadando en el lago y Pequeño Pájaro dando saltitos de aquí para allí desde la orilla.
De pronto, algo llamó la atención de Pedro. Notó cómo una gata se arrastraba por el pasto. La gata pensó: "El pájaro ése parece estar muy ocupado discutiendo con la pata. Lo cogeré." Sigilosamente reptó hasta acercársele. "¡Eh, mirad!", exclamó justo entonces Pedro, con lo que Pequeño Pájaro alzó vuelo de inmediato mientras desde el lago la pata graznaba enfadada a la gata. La gata comenzó a rondar el árbol en el que se había vuelto a posar Pequeño Pájaro. "¿Vale la pena trepar hasta allí? Mientras yo haga el esfuerzo de subir, el pájaro ya habrá volado a otro sitio.", reflexionó la gata.
En ese mismo momento salió de la casa el abuelo de Pedro. Estaba enfadado porque Pedro había salido al prado sin permiso. "Es un sitio peligroso. Si un lobo viniera desde el bosque ¿qué harías?"
Pedro no hizo caso de lo que le decía el abuelo. Niños como él no tienen miedo de los lobos. Pero el abuelo cogió a Pedro de la mano, lo metió dentro de la casa y cerró el portón.
No mucho después de que Pedro se fuera, en efecto, un enorme lobo gris salió de lo profundo del bosque. En un tris el gato trepó al árbol. La pata graznó y en su nerviosismo, saltó fuera del lago. Corrió y corrió, pero por mucho que corrió no consiguió escapar de las fauces del animal que se le iba acercando cada vez más hasta que por fin se la zampó.
La situación ahora era ésta: la gata estaba sentada en una rama del árbol, y pequeño Pájaro en otra, aunque... ¡no muy cerca de la gata, por supuesto! El lobo entretanto rondaba el árbol mirándoles con ávidos ojos. Y en el ínterin, Pedro, sin el menor atisbo de miedo se mantuvo quieto junto al portón, observando atentamente por entre los listones lo que estaba ocurriendo allí fuera.
Corrió a buscar una cuerda bien gruesa, y trepó por la pared de piedra. Cogiéndose fuerte de una de las ramas del árbol que sobresalía hacia el interior de la casa por lo alto de la pared, Pedro trepó ágilmente. "Baja y revolotea alrededor del lobo", le dijo Pedro a Pequeño Pájaro. "Pero ten cuidado de que no te coja." Pequeño Pájaro casi rozaba con sus alas la cabeza del lobo cuando éste saltó hacia él furioso. ¡Cómo molestaba aquel pajarillo! ¡Cómo deseaba el lobo zampárselo también! Pero Pequeño Pájaro era más inteligente que el lobo, y el hambriento lobo no puedo con él.
Mientras tanto Pedro había hecho un lazo con la cuerda y lentamente la dejó caer hasta que logró coger al lobo por el rabo y apresarlo con todas sus fuerzas. Sintiéndose atrapado el lobo empezó a dar brincos. Pero Pedro ató el otro extremo de la cuerda al árbol y lo único que el lobo consiguió fue que el nudo de la cuerda se ajustase más y más. Fue entonces cuando del bosque llegaron dos cazadores que venían persiguiendo al lobo. "¿No disparéis!", gritó Pedro desde lo alto del árbol. "¡Pequeño Pájaro y yo hemos conseguido atrapar al lobo! Llevémosle entre todos al zoológico."
Y ahora imaginaos la triunfante procesión..: Pedro encabezándola, detrás de él los dos cazadores arrastrando al lobo, y cerrando, el abuelo y el gato. El abuelo movió la cabeza disgustado: "Bien, ¿y si Pedro no hubiese conseguido atrapar al lobo, qué?" Pequeño Pájaro sobrevolaba la procesión, gorjeando alegremente: "¡Caramba, qué valientes hemos sido, Pedro y yo! ¡Mirad lo que hemos cogido!" Y si uno escuchaba con mucha atención, también podía oír a la pata graznando desde dentro de la barriga del lobo, porque con tantas prisas, ¡el lobo se la había tragado viva!

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