10 mayo 2008

El misterio de la piedra roseta y los animales

La invención del alfabeto se produjo hace unos 3000 años. Los primeros en escribir con letras fueron los fenicios que vivían dispersos en la costa oeste del Mediterráneo, norte de África, sur de España, Sicilia y Cerdeña, Italia, Grecia y Chipre. Veinte mil años antes de nuestra era (veinte mil años antes de Jesucristo), los hombres ya pintaban y dibujaban en las paredes de sus cavernas. Es probable que antes de esto también hicieran dibujos y signos en la misma tierra o en la arena, o en la corteza de algún árbol, o en una piedra. Entre unos y otros, otros pueblos se sirvieron de jeroglíficos o pictogramas, símbolos o dibujos que no hacían referencia a la cosa dibujada sino que designaban otra. Por ejemplo si dibujaban una cara y al lado una col, debía leerse "cara-col", y no ni cara ni col... Los antiguos egipcios creían que un dios, el dios Thot, dios de los jeroglíficos, notario de los dioses, representado con forma de ibis y de babuino con un disco lunar en cuarto creciente en la cabeza, había creado la escritura y la había confiado luego a los hombres. La palabra jeroglífico (del griego hieros, "sagrado", gluphein, "grabar") significa "escritura de los dioses".
Fue gracias al descubrimiento de una piedra, la piedra roseta, que hoy podemos comprender el significado de los jeroglíficos.
La piedra roseta, de 1 metro y 14 centímetros de altura y 73 centímetros de ancho fue descubierta en la expedición que realizó Napoleón Bonaparte a Egipto en 1799, cerca del Nilo, al este de Alejandría. Esta piedra fue grabada en Menfis el año 196 a.C. por un grupo de sacerdotes en honor de Tolomeo V Epifanio como nuevo faraón, que tenía entonces 12 años, y lo hicieron empleando el alfabeto griego pero incluyendo una traducción al alfabeto demótico (el alfabeto egipcio posterior al jeroglífico) y al jeroglífico. Hicieron muchas copias de esta piedra, pero la original de basalto negro, se encuentra en el British Museum. El más genial descifrador de escrituras antiguas fue el francés Jean-Françoise Champolion. Fue él quien al estudiar una de las copias de la piedra roseta se dio cuenta, comparando las distintas escrituras, de que los jeroglíficos no eran ideogramas, que no debían leerse como dibujos directos de lo que representaban, sino que debían interpretarse como si fueran sonidos.
Champolion también se dio cuenta de que la lectura no era de izquierda a derecha sino por el contrario, de derecha a izquierda: la mirada del león, uno de los jeroglíficos que se repite en el egipcio antiguo, indicaba el sentido en el que debían leerse los jeroglíficos.
Clica en la imagen para ampliar.

Imagen tomada de El León Africano

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