23 mayo 2008

En la punta de la nariz

Me gustan las listas. Siempre me han gustado. Me gustan las clasificaciones, poner las cosas en orden. Y me gustan los olores, los sonidos, los sabores, los colores y las texturas. Olemos gracias a nuestro sentido del olfato, escuchamos gracias a nuestros oídos, degustamos sustancias, líquidas y sólidas gracias al sentido del gusto, y también al del olfato, vemos colores gracias al sentido de la vista y reconocemos texturas gracias al sentido de la vista y del tacto. Hay personas a quienes se les mezclan estas cosas y ven sonidos o huelen colores. Eso se llama sinestecia. También cuando escribimos o hablamos decimos cosas tales como que "este señor tiene un carácter avinagrado" o "tal persona es dulce".
El arte de hacer perfumes es muy antiguo, pero el arte de apreciar y detectar los olores es más antiguo aún. Todas las plantas y flores desprenden olores, y prácticamente todas las cosas, ya sea de la naturaleza o creadas por el hombre. Algunos olores son más fuertes y agradables y otros son apenas perceptibles o menos agradables. De todas maneras, no todos sentimos los olores de la misma forma. Hay quienes apenas los perciben y quienes en cambio, son muy sensibles. También están aquéllos que tienen alergia a ciertos olores... sobre todo en primavera, y en verano.
Algunas flores, como el azahar o la rosa tienen un aroma muy potente, tanto que perfuman el aire varios metros a la redonda. Y hay flores que expiden un olor más fuerte al amanaecer, al medidodía o por la noche. Depende del momento en que se abren. Se puede decir que existe algo así como un "reloj floral" que sería así:

Reloj floral (clica en la imagen para ampliar)

No todos los olores son igualmente intensos. Algunas flores pierden su olor al marchitarse. Pero los olores naturales más intensos son los que provienen del reino animal.
Linneo, al que ya conocemos, dividió los olores en siete clases: solo tres corresponden a aromas agradables: el aromático, el fragante y el ambrosíaco. Otros, como Eugéne Rimmel, clasificaron los olores según su parecido. Pero en ninguna clasificación se puede dar cuenta de todos los olores. Su variedad es enorme.
Para algunos autores el sentido del olfato es el de la fantasía: ejercen un efecto tonificante y lo que es más importante, nos traen recuerdos. Los sonidos y los olores, pero también los colores y los sabores, e incluso las texturas, nos ayudan a refrescar nuestra memoria, nos traen a la mente recuerdos del pasado.
Los sabios antiguos como Critón e Hipócrates clasificaban los perfumes entre las sustancias medicinales, especialmente entre las medicinas para los nervios. Plinio atribuía cualidades terapéuticas a algunas sustancias aromáticas, cosa que aun hoy muchos creen que es cierto.
Los perfumes no pueden por sí solos curar ninguna enfermedad, pero ayudan a reconfortar a las personas cuando se sienten mal. En ciertos casos, por el contrario, si son demasiado intensos o fétidos, pueden producir jaquecas, alergias y otras molestias.

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