08 mayo 2008

De fábula

Tengo que reconocer que aunque de pequeña me leí todos o casi todos los libros de fábulas, mientras que las historias en sí en principio me gustaban, las enseñanzas o "moralejas" (o "moralinas") que siempre las acompañan, me gustaban más bien poco. Tan poco me gustaban algunas, que hacía un gran esfuerzo mental para olvidarme de ellas y quedarme solo con el cuento. Lo mismo me ocurría con ciertos cuentos muy famosos, como Pinocho.
Las fábulas son cosa vieja vieja.
Los más famosos fabulistas son Esopo, Babrio, Fedro, Jean de La Fontaine, Félix María Samaniego, Tomás de Iriarte y Gotthold Ephraim Lessing.
En su gran mayoría las fábulas tienen como protagonistas a animales con características psicológicas humanas. El lobo o la zorra por ejemplo representaban la astucia, la grulla la codicia... Esta idea de representar animales como personas o con características humanas (o como dioses, ya hemos visto que era usual en Egipto que algunos animales fueran considerados sagrados y algunos dioses representados con cabeza o cuerpo de algún animal), parece que es muy antigua. Las películas de Walt Disney y de otras productoras de películas animadas actuales, siguen esa misma tradición.
Los animales se prestan también a muchas supersticiones. Y hasta el día de hoy se da caza a animales poniendo a muchas especies en peligro de extinción, para hacerse brebajes medicinales, amuletos con sus astas o cuernos, o con su piel, etc.
En realidad los animales no tienen esas características humanas. Nosotros interpretamos su conducta según la nuestra. Pero los animales siguen únicamente su instinto, no son concientes ni razonan su modo de ser ni de comportarse como nosotros.
El primer fabulista del que se tiene conocimiento es Esopo que nació en Amerium, una localidad cercana a Frigia (Asia Menor), alrededor del año 620 a.C. (siglos VI-VII a.C.). No se tienen demasiados datos sobre su vida. Parece que vivió como esclavo del filósofo Janto y posteriormente de Jadmon. Una vez conseguida su libertad se dedicó a crear su famosas fábulas con el apoyo del rey de Lidia, Creso, quien le cobijó en su dominio y con el cual trabajó en diferentes misiones diplomáticas.
Se cree que en el año 560 a.C., transportando oro para distribuirlo entre los ciudadanos de Delfos, Esopo fue asesinado. El motivo parece ser que fue que al ver la codicia con que lo recibían los habitantes de esta ciudad, decidió no repartir el dinero. Sus relatos, que no fueron escritos sino hasta más tarde, estaban empapados de sátira y crítica contra las pautas morales y de la sociedad de su tiempo, estamentos políticos y sociales, y muy en particular contra Pisístrato, tirano de Atenas de quien se cree que compiló por escrito los poemas de Homero, la Ilíada y la Odisea.
Las fábulas de Esopo fueron compiladas en la Edad Media por el monje Planudes Maximuses.
El que a mí no me gustasen de pequeña las moralejas de las fábulas muy bien puede deberse a que con el paso del tiempo, lo que eran críticas contra personajes importantes de la sociedad griega de aquella época, se transformase en una herramienta para educar a los niños que ni somos (sois) "personajes importantes" de la política ni de la sociedad, ni estamos (estáis) preparados para que nos (os) aleccionen de esa manera un poco ruda. Pensad que Esopo no era ciudadano griego de nacimiento sino ciudadano de una región conquistada y sometida por los griegos; la confrontación entre griegos oriundos de las ciudades estado propiamente griegas y los persas o ciudadanos de los pueblos conquistados era motivo suficiente para un auténtico enfrentamiento cultural entre dos comunidades, una de ciudadanos libres que se autogobernaban y otra sometida al poder autocrático de Atenas.
Personalmente nunca le leí fábulas a mi hija incluyendo la moraleja. Le leía las fábulas para que ella sacara sus propias conclusiones.

Os dejo la fábula de La Lechera y el cántaro roto de Esopo, pero sin moraleja:

Llevaba en la cabeza
una Lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte:
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre la ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz Lechera,
y decía entre sí de esta manera:
«Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, pío. [...]

Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera,
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

De fábulaSocialTwist Tell-a-Friend

0 Deja un comentario:

ANUNCIOS