24 abril 2008

¿Ciencia ficción? Las TIC en acción

¿Os han hablado ya alguna vez de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación)? Seguramente sí porque se trata ni más ni menos que del mundo de los bits de información, ordenadores o computadoras, cables, hardwares, softwares, radio, televisión, teléfonos, estereos, Wii, programas, programadores, ofimática, nintendos, pantallas, internet, ratones, gifs, vídeos, consolas, televisión en blanco y negro o en color, alta definición, pantalla plana, pantalla de plasma, teclados, audífonos, cds, monitores, carcasas, shifts, ctrl, navegadores, IBM, Microsoft, Apple, redes, micrófonos, números binarios, webs, blogs, teléfonos celulares o móviles, informática, telemática, interfases, hipertextos, e-mails, e-books, spam, HTML, java, descargas, downloads, uploads, skype, widgets, impresoras, scanners, ipods, ibooks, portátiles, realidad virtual, hackers, mando a distancia, teletexto, inteligencia artificial, transmisión por satélite, transmisión por cable, wifis, virus, antivirus, robótica... En este mismo momento vosotros y yo estamos enchufados a todo eso. Toda esa energía eléctrica con nombres en inglés viaja por nuestros circuitos neuronales, activa nuestro cerebro y nos recorre hasta las yemas de nuestros dedos cada vez que pulsamos un botón. Y lo cierto es que nos pasamos el día pulsando botones. Algunos auguran que con las TIC se acabarán los libros. Cerrarán las editoriales. Cerrarán las imprentas. Dejaremos de usar papel. Otros opinan que quedaremos a merced de la voluntad de todos estos aparatos y perderemos nuestra capacidad para hacer ninguna otra cosa, que nos desconectaríamos del mundo real, que nos volveríamos idiotas, en resumen. Que los aparatos nos dominarían.

El dormilón, una comedia de Woody Allen.

Argumento: Año 2174. Miles Monroe (Woody Allen) propietario de una tienda de comida sana es hallado dentro de una cápsula de hibernación oxidada en la que ha permanecido congelado 200 años. Al despertarse, Miles se encuentra con una sociedad tecnificada, en la que los ciudadanos están idiotizados, controlados por el gobierno como marionetas. A pesar de su cobardía Miles se unirá al movimiento de resistencia del pueblo para impedir que clonen al Gran Jefe y perpetúe la dictadura que rige sus vidas.

Y algo de eso hay. Aunque como siempre, no hay que exagerar. El otro día vino al cole de mi hija una niña con el brazo izquierdo en cabestrillo porque se había pasado 25 horas con la nintendo sin parar. Antes de ayer leí que falleció Joseph Weizenbaum, uno de los pioneros de la ingeniería informática. Allá por los años 40-50 (de eso hace MUCHO) consiguió que una computadora (Eliza) le respondiese con cierta lógica a un par de preguntas. Y entonces se dijo: si con la informática puedo hacer esto, es que se puede hacer de todo. Y después de mucho trabajar en ello, compezó a preocuparse y escribió un libro en el que prevenía a la gente de los muchos problemas (o peligros) que puede traer una sociedad tan altamente tecnologizada. A los que más temía era a los hackers, esos chicos que sin ningún objetivo ni idea interesante en la cabeza se dedican a decodificar códigos secretos, a meterse en el disco duro de las grandes corporaciones, bancos e instituciones gubernamentales de medio mundo, y a inventar "virus" de manera que los especialistas tienen que pasarse la vida creando nuevos códigos secretos y nuevos antivirus, lo cual debe de ser bastante aburrido, lioso y frustrante. Hay quienes dan el grito en el cielo por la falta de privacidad a que nos conducen estos aparatejos. Cualquier ingeniero informático suficientemente capaz puede "rastrear" nuestros datos personales, nuestros gustos, nuestros hobbies, y así sin saber cómo, llegan a nuestro correo electrónico un mar de anuncios publicitarios ofreciéndonos cosas que no nos interesan en lo más mínimo, o que se parecen "en algo" a lo que sí nos interesa. Hay quienes se preocupan porque todo esto limita nuestra privacidad, nuestra intimidad y nuestra libertad.

Pero no todo es malo y feo. Obviamente las TIC tienen su lado bueno. Poder conectarnos en cuestión de segundos con personas del otro lado del mundo, nos acerca a otras culturas, a lo que otras personas hacen y están pensando, o necesitando. El poder acceder rápidamente a la información que estamos buscando, incluso sobre temas que nunca se nos hubiera ocurrido que pudieran interesarnos, nos permite tener a mano muchos datos, plantearnos preguntas nuevas y hacer mejores trabajos. En la escuela es una nueva experiencia que los maestros aprenden a manejar para enseñarnos las cosas de un modo más interesante.

Pero también es cierto que eso solo no es suficiente. No debemos olvidarnos de que durante siglos grandes hombres hicieron grandes cosas a la luz de una vela, con herramientas muy básicas. No os voy a hacer ahora una lista de esos grandes hombres y mujeres porque son muchísimos. Pero, pensemos por ejemplo en Miguel de Cervantes, que escribió una de las mejores sino la mejor novela de todos los tiempos cuando no había luz eléctrica ni teclados eléctricos. O en Galileo que, entre otras cosas, y siguiendo los pasos de Copérnico y junto con otros científicos de su época, con un telescopio que hoy nos parecería de juguete se dio cuenta de que la Tierra no era el centro del Universo, sino que giraba alrededor del Sol... De modo que todo tiene sus pros y sus contras.

Por lo pronto, ésta es la revolución que a nosotros, nacidos en los siglos XX y XXI nos toca atravesar una vez hemos llegado a la Luna, y hemos clonado (malamente) una oveja, y no parece que vaya a haber marcha atrás. La ciencia avanza a ciegas, digamos que casi independientemente de lo que a nosotros nos parezca bien o mal. Por naturaleza el hombre está destinado a investigar, a curiosear. Lo que empieza con un simple juego, observando cómo las hormigas se suben a una ramita acaba convirtiendo al niño, de adulto, en biólogo.

¿Entonces? ¿Qué alternativas tenemos? Si no podemos parar de investigar y de ampliar nuestros conocimientos para construir herramientas cada vez más sofisticadas, ¿a dónde vamos o queremos llegar? Hay asuntos científicos de tanta trascendencia para el mundo y la humanidad, que existen instituciones dedicadas a estudiar la ética que debe guiar la investigación. También los gobiernos de los distintos países cuentan con profesionales que les asesoran acerca de qué puede o debe hacerse y qué no, cómo, cuánto, por qué y dónde, y en algunos casos estas instituciones y los gobiernos llegan a un acuerdo con la comunidad científica para evaluar los riesgos y los beneficios de los nuevos avances y descubrimientos. Se debate continuamente.

Nunca hasta ahora la ciencia había llegado tan lejos. A los que ya somos mayores nos da un poco vértigo.

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