24 marzo 2008

Una historia japonesa

Rikyu observaba a su hijo Sho-an mientras éste barría y regaba el sendero del jardín. "No está bastante limpio", dijo Rikyu cuando Sho-an terminó su tarea, y le ordenó que siguiera limpiando. Al cabo de una hora tediosa, el hijo se dirigió a su padre: "Padre, ya no se puede hacer nada más. He lavado tres veces los peldaños, los faroles de piedra y los árboles están bien rociados con agua, el musgo y los líquenes brillan con un fresco verdor; no he dejado ni una ramita ni una hoja en el suelo". "Joven necio", le reprendió [Rikyu que era] el maestro del té, "no es así como hay que barrer un sendero de jardín". Y diciendo estas palabras Rikyu entró en el jardín, sacudió un árbol y esparció por todas partes hojas doradas y carmesíes, ¡fragmentos del brocado de otoño! (De El Libro del Té, de Okakura Kakuzo)

Una historia japonesaSocialTwist Tell-a-Friend

0 Deja un comentario: