12 diciembre 2007

¿Y a qué olían los dioses griegos?

Foto: por Takeabreak (Flickr)
From Garden Flowers of Spring Copyright 1917


Cuenta Eugène Rimmel en El libro de los perfumes (Hiperión, 1990), que la palabra griega para designar a los perfumes era myron que quizás procediera de la palabra moron (problema) "debido al vano y laborioso esfuerzo de mezclarlo", o bien de la palabra mirra que era la sustancia aromática más conocida en aquella época. Los griegos llegaron a tener al menos treinta mil dioses, constantemente creaban o adoptaban dioses nuevos de otros pueblos y nunca iniciaban su jornada o emprendían tarea alguna sin antes ganarse el favor de alguno de estos dioses sacrificando algún animal coronado con hierbas aromáticas o flores y quemando incienso, y libaciones de vino. También se consumían perfumes en los grandes festejos, como las que se hacían en honor de Minerva, Zeus, Baco o Ceres. Entonces en torno a las murallas de la ciudad corría un verdadero río de perfume y se disponían fuentes de miel y de perfumes...
Los griegos atribuían origen divino a los perfumes. Los dioses se alimentaban de néctar y ambrosía y cada uno de ellos iba asociado a una fragancia.
Aparte de las resinas aromáticas que quemaban en los sacrificios, los únicos perfumes conocidos eran los aceites (élaion) perfumados con flores, como la rosa, o el nardo, hasta que los jonios introdujeron aromas procedentes del Asia, donde eran expertos en el arte del perfume... Tanto se difundió su uso que pronto Solón promulgó un edicto prohibiendo la venta de perfumes, lo que, como por lo general ocurre con este tipo de prohibiciones, de poco sirvió.
Hubo famosos perfumistas que daban nombre a los perfumes que creaban: Megalio, Perón, Bacaris, Psagdas...
Algunos griegos refinados aplicaban distintas fragancias a las diferentes partes del cuerpo, según refiere Antífanes: "Se baña en una gran bañera de oro y se pone en los pies / Y en las piernas ricos ungüentos egipcios; / Se frota el mentón y el pecho con espeso aceite de palma, / Y los brazos con suave extracto de menta; / Las cejas y el pelo con espliego, / las rodillas y el cuello con escencia de tomillo".
Pero cuando más se consumían sustancias aromáticas era durante los banquetes: baño y unciones para los huéspedes antes de que se sentaran a la mesa. O, una vez que se habían sentado, se traían escencias en pomos de oro y alabastro con coronas de flores para coronar su frente; ¡o soltaban palomas con las alas impregnadas de perfume para que volaran en círculo alrededor de sus cabezas y lo esparciesen..! Se creía que los perfumes poseían propiedades saludables para el cuerpo y la mente, y que permitían beber más vino de manera que muchas veces los mezclaban con el vino para que éste no surtiera efecto.
Los filósofos, o algunos de ellos, consideraban que los perfumes eran cosa de mujeres e incluso que el baño masculino en general, a pesar de su popularidad, no era indispensable para la sabiduría.
Los griegos no llegaron a adoptar los sofisticados baños de los egipcios. Los romanos se ocuparon más tarde de desarrollarlos.

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