20 diciembre 2007

Un clima de infierno

Yo no creo en el infierno aunque hay días en que se sufre un infierno, cuando parece que todo se pone patas arriba, cuando te levantas con el pie izquierdo, cuando no obtenemos lo que queremos, cuando en síntesis, nos va horrible. Por otra parte, hay gente que lo pasa mal en la Tierra... Hay guerras, desastres ecológicos, enfermedades, hambrunas... Hay muchos motivos para creer que el infierno, de existir, existe en la vida misma, no muy lejos, al menos.
Pero hay quienes sí creen que el infierno, como el Paraíso, son sitios que existen fuera de la Tierra y que se llega a ellos tras la muerte. Dante Alighieri, por ejemplo, creía en el Cielo y en el Infierno y escribió un libro en el que los describe tal y como él se los imagina. Y así escuchamos muy a menudo decir "un escenario dantesco" para describir algo verdaderamente horrendo, o "un calor infernal"...
Pero lo cierto es que el infierno tal y como nos los describe Dante, se divide en círculos, y estos círculos a su vez en paisajes (o biomas...) muy diversos, en los que el autor del libro se adentra, y el calor infernal al 100% proviene de unas aguas a las que, Dante se acerca de a poco y a las que, creo, llega recién una vez accede al séptimo de los círculos, donde las llamaradas son tremendas y ya no se pueden apagar.
Veamos el recorrido y observemos los cambios de clima que describe Dante.
Círculo Primero: hay una especie de desierto en el que el aire está "eternamente oscuro, como arena al soplar el torbellino" (Canto Primero, versos 27 al 30). Más adelante Dante cruza un río y aparece en un sitio hondo y nebuloso "que aun mirando fijo al fondo, no distinguía cosa ninguna" (Canto Segundo, versos 10 al 12), aunque hay una especie de apartado en el que el aire está quieto y la hierba fresca y verde, algo así como un castillo para refugio de algunos que tienen ciertos privilegios. Luego abandona el Primer Círculo, y entramos en el Segundo. Aquí otra vez está oscuro y todo "mugía cual mar en la tormenta" con una "borrasca infernal que nunca cesa". Más adelante, densa lluvia (Canto Sexto, verso 35). A partir de ahí, una cuesta gris y un pantano con unas aguas negras que hacen hervir la superficie, una humareda tremenda y fango, mucho fango (Canto Ocho). En el Canto Noveno, Dante ya divisa unas cimas al rojo vivo a lo lejos, olas, y un viento de los mil demonios que empuja "contrarios ardores". Mucho polvo, luego más ciénagas y luego terreno con ondulaciones entre las que se elevan llamaradas. Luego se baja por un acantilado y quedan aun otros tres círculos. En alguna parte corre otro río que hierve, y llegan a un bosque denso. Pasado el bosque, encuentran una zona de arena espesa y seca donde llueven copos de fuego en lugar de nieve. Pero podían apartarse las llamas con la mano e ir pegado al bosque para no quemarse. Dante echa en falta un poco de pastos porque la arena hierve. Antes del Canto Quince vuelve a haber un arroyo humeante que apaga los ardores, y unos caminos rocosos. Lo cierto es que el camino es tortuoso, y aun cuando finalmente se llega a las aguas donde las llamas ya no pueden ser apagadas, y todo el mundo se quema en ellas in-aeternum, justo antes de entrar al Purgatorio, donde vuelven a verse las estrellas y el cielo, hay también un sector último no menos desagradable donde hay unos gigantes monstruosos, y todo se hiela; el frío tremebundo amorata el rostro (Canto 33).
Conclusión: tanto da si el paisaje es árido, boreal o cenagoso, y el clima gélido o caluroso, el infierno de Dante es realmente como para salir corriendo. Pero queda claro que en él hay de todo, ¡no solo fuegos eternos..!

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