16 diciembre 2007

Ray Bradbury, ¡un marciano!

Ray Bradbury, uno de los padres de la ciencia-ficción, escribió infinidad de buenos cuentos, algunos de los cuales fueron llevados luego al cine y al teatro; yo leí muchos de ellos, y puedo deciros que dan alas a la imaginación. Hubo una época en la que yo no podía despegarme de sus libros ni en las comidas.
Uno de estos cuentos, muy famoso, es Fahrenheit 451, en el que se decide acabar con los libros, quemándolos, como se hacía muchas veces en otras épocas o como se sigue haciendo cuando en un país hay un régimen totalitario que se basa en la censura, y/o cuando el pueblo parece enojado por algo que no le gusta que se diga. También en el Quijote hay una quema de libros... En este cuento, algunos hombres consiguen salvar libros de la hoguera, a fuerza de memorizarlos.
Pero en una entrevista, Ray Bradbury, dice: "Se me han acercado japoneses para ponerme un walkman en las orejas y decirme: '¡Con Fahrenheit 451, usted inventó esto, señor Bradbury!' Mi respuesta ha sido: No, gracias. Estamos rodeados de demasiados juguetes tecnológicos, con Internet, los iPod... La gente se equivocó. Yo no traté de prever, sino de prevenir el futuro. No quise hablar de la censura sino de la educación que el mundo tanto necesita. Podemos salvar a Estados Unidos, gracias a los niños, si les enseñamos a leer y a escribir a partir de los 3, 4, 5 años para que lleguen a la escuela primaria sabiendo leer. Después, es muy tarde. Cuando en realidad, ya desde muy pequeños, queremos leer las palabras de las historietas. Yo aprendí a leer a los tres años, para leer las caricaturas". (Yo estoy de acuerdo: los niños desde antes incluso del nacimiento están siempre capacitados y dispuestos a que les leamos muchos, pero que muchos cuentos, una y otra vez.) Él no cree que la digitalización de los libros (el escanearlos para su divulgación en internet) cumpla ningún papel especial en la difusión de la cultura porque "la cuestión es cómo se la utiliza. Si es algo que alienta la lectura, perfecto, de lo contrario, ¿qué sentido tiene?". Bradbury ha rechazado las ofertas que se le han hecho de digitalizar sus libros... A él le gusta tocar los libros, dice, respirarlos, sentirlos, llevarlos... y esto es algo, dice, que una computadora no ofrece...
Ahora tiene 87 años, y dice que escribe todos los días, "cada mañana, desde hace setenta años. ¡No paro! Y escribo para el teatro desde hace cuarenta y cinco años; me encanta...". Bradbury dice que se identifica con Douglas Spaulding, el héroe de Farewell Summer, uno de sus últimos libros, que es un hombre de 87 años que dialoga con uno de doce. Bradbury dice que él lleva ese niño en su interior, que él es en realidad, los dos: "... soy un escritor híbrido que creció con los libros y el cine. Vi la película Notre Dame de Paris a los tres años, y esperaba ser jorobado. Vi El fantasma de la Opera a los seis años, me encantó. A la misma edad, vi el filme El mundo perdido, y gracias a ese amor por los dinosaurios John Huston me propuso escribir la adaptación de Moby Dick. ... Lo que funda toda escritura es el amor, es hacer lo que amamos y amar lo que hacemos. Y olvidarse del dinero. En mis comienzos, yo ganaba 30 dólares por semana, y mi novia era rica, pero le pedí que hiciera voto de pobreza para casarse conmigo. No teníamos ni auto ni teléfono, vivíamos en un departamento pequeño en Venice, pero la estación de servicio de enfrente tenía una cabina telefónica. Iba corriendo a atender cuando sonaba y la gente creía que me llamaba a mi oficina. Yo les repito: 'Rodéense de personas que los quieran, y si no los quieren, échenlos. No hay necesidad de ir a la Universidad, donde no se aprende a escribir. Vayan más bien a las bibliotecas'. Yo escribí Fahrenheit 451 porque había oído hablar del incendio de la biblioteca de Alejandría y de los libros quemados por Hitler en Berlín."
Bradbury se preocupa por los problemas sociales, pero por los ambientales también, y en eso está de acuerdo con los que defienden que hay emplear energía nuclear en lugar de petróleo o carbón. Es un enamorado de los viajes espaciales: "Esa noche en que llegamos a la Luna fue una noche de éxtasis para mí. ¡Nunca tendríamos que haber parado! Sacar una foto, OK, pero eso no salva a la humanidad. Si la vida desaparece de la Tierra, podemos encontrarla en otros planetas. Los viajes al espacio nos harán inmortales. Hay que volver a la Luna y hacer allí una base", dice, "para partir a la conquista de Marte... en los próximos veinte o treinta años", aunque él ya no esté en este mundo, lo cual le entristece mucho. "Pero me enterrarán en Marte, en el cráter Chicago Abyss. Dejé instrucciones para eso a mi familia. Seré el primer muerto en Marte, aunque no tengo ninguna intención de morir pronto. ¡Llegaré a los 100!"
Bradbury es un hombre optimista: de tanto tener bebés su mujer quiso divorciarse de él, pero para no tener que separarse de los hijos, el escritor decidió que era mejor estar separados en lugar de divorciados, y viven juntos... ¡Un marciano! (Entrevista realizada por Claudine Moulard y publicada en Bitácora. La podéis leer entera si queréis.) Y bajaros de aquí Las doradas manzanas al sol, de este autor.

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