26 diciembre 2007

Lectura obligatoria


Foto: Vintage Ladybird Books "Read and write",
por Larking About (Flickr)


¿Es obligatorio leer?
Pues, no. La verdad es que no. Antes de que se inventara la escritura, durante miles de años, el hombre no leyó.
Lo primero que leyó, quizás fue el movimiento de los labios de sus congéneres al hablar unos con otros y las expresiones de sus manos, de su cuerpo y del rostro, y las señales de la naturaleza. El rugido de las fieras, las marcas que dejaban en la vegetación, el movimiento de los astros, y los signos y huellas que él mismo dejaba a su alrededor, y, más adelante, sus propios dibujos, esos dibujos tan bonitos que pintaba en las cuevas; y ya mucho más tarde, los jeroglíficos, una vez que los inventó.
Pero durante miles de años los hombres se contaban historias sin que pudieran escribirlas y se las aprendían y acordaban de memoria. Había sistemas para memorizar historias larguísimas, como la Ilíada y la Odisea, la misma Biblia... No estaban dirigidas solo a los ricos y poderosos. Muy por el contrario, estaban más bien dirigidas al pueblo, tanto a los niños como a los adultos, e iban de boca en boca.
Pero una vez que aparecieron los sistemas de escritura, la tradición de contarse historias, también pasó progresivamente a la historia y, aunque hay grupos en los que la tradición oral perdura, el libro y la enseñanza de la lecto-escritura se volvió cada vez más importante. Actualmente la alfabetización de todos los ciudadanos y ciudadanas es un objetivo primordial en casi todos los países y en casi todas las culturas.
Aun así, no es obligatorio leer. Ni es obligatorio que nos guste leer.
Entonces, ¿por qué todos insisten en que debemos leer y en que nos guste leer? Padres, maestros, las autoridades del gobierno, los medios de comunicación, psicólogos y psicopedagogos... los propios escritores... Hay muchas teorías al respecto y muchos se dedican a estudiar métodos para incentivar la lectura. Bashevis Singer, por ejemplo, Premio Nobel de literatura en 1978, dice en algún lado que él cree que los libros para niños no deben venir acompañados de ilustraciones, mientras que en el colegio los libros de estudio cada vez traen menos textos y, por recomendación de psicopedagogos y educadores, vienen más y más cargados de dibujos y de gráficos... Hay quienes dicen que no hay que ver la televisión y punto.
Para mí, leer es más que una pasión. No puedo pensar en una vida sin libros, sin leer algo todos los días. Y así, desde muy pequeña. Pero antes de leer, me gustaba oír historias. Me gustaba que me contaran historias. Ya fuera que me las leyeran de los libros, ya fuera que simplemente me contaran cosas, mis padres, mis abuelos, en la escuela, en la tv, en el cine... Yo creo que es por ahí por donde empieza este asunto del amor a los libros. Antes que el gusto por leer, lo que primero de todo nos gusta es que nos cuenten cosas. De manera que si a alguien no le gusta que le cuenten cosas, lo más probable es que tampoco le guste mucho leer. Sencillamente no le interesan las historias ni le interesa lo que alguien tenga que decir.
Pero esto no es muy corriente porque si algo nos caracteriza a las personas es que somos curiosas. No creo yo que sean muchas las personas que no son al menos un poco curiosas. Lo que puede suceder es que algunas personas sean curiosas respecto de otro tipo de fenómenos. Por ejemplo, puede que se interesen más por la naturaleza, por el entorno, o por las máquinas, o por hacer trabajos manuales de algún tipo, o por el deporte, la música y el baile...
Quizás una de las cosas que influyan en el gusto por escuchar historias, sea cómo nos han sido contadas esas historias, cómo nos han hablado desde pequeños, qué y cómo nos han dicho lo que nos han dicho. Muchas veces ocurre que, de repente, aparece alguien que nos cuenta algo de tal forma que enciende el motorcito de nuestra afición a los libros. ¡O al revés! ¡Ocurre algo que hace que no querramos volver a abrir un libro por el resto de nuestras vidas!
Puede que a veces el silencio de una persona diga más y tenga mejor efecto que un buen discurso... también los gestos son un modo de decir cosas.
En cualquier caso, no es bueno para nadie leer porque le obligan a leer. Es cierto que puede darse que, con el tiempo, si te han obligado, comiences a hacerlo por placer. Y, de hecho, todo niño que va a la escuela, está obligado a leer. Quiera o no quiera, ahí estarán siempre los libros, y si no se los lee, saca uno mala nota, y eso hace que no haya más remedio que dedicarle un rato al día a la lectura de, por lo menos, una página.
Pero cuando los adultos nos referimos a que es bueno leer, nos referimos a que nos gustaría que nuestros hijos leyeran porque adoran leer, y no para no sacarse malas notas. Seguramente es porque algunos, o muchos, han descubierto que leer es a la vez un modo de alimentar la inteligencia y el alma, y la fantasía, un buen comienzo para luego progresar en la vida.., y un signo de que se tiene interés por las cosas, se es inteligente y se tiene imaginación.
Pero incluso esto no es una ley... hay quienes leen muchísimo, pero entienden lo que leen de tal forma, que mejor sería que no leyeran. Y también puede que no sean ni muy inteligentes, ni tengan mayor imaginación, y que no progresen luego demasiado en sus vidas. O que progresen pero no del modo en que a los padres nos gustaría...
También es verdad que hay tipos y tipos de lecturas.
Personalmente también creo que cada uno va a su ritmo. Puede que una persona no coja un libro hasta después de cumplidos los dieciocho o los veinticinco, y que a partir de entonces no pare y se trague mil bibliotecas íntegras e incluso se haga él mismo escritor. Habrá en cambio quienes empiecen a los dos-tres años a interesarse por las letras y luego con el tiempo abandonen para siempre su afición o la retomen a los sesenta.
Yo a mi hija le vengo leyendo historias y contando cosas desde antes de que naciera, todos los días, o todas las noches. Leerle algo antes de dormirse para nosotros es casi una religión. No solo le he leído cuentos de los que especialmente compro para ella o saco de la Biblioteca (a mí me gusta mucho ir a la Biblioteca de mi barrio, es muy completa, y hay estanterías y secciones en las que ya voy a ciegas). Le he leído trozos de los libros que yo misma leo, aunque esto os parezca un poco extraño (yo leo muchos libros de ensayo, más que novelas, libros difíciles, de filosofía, por ejemplo), porque creo que es importante que sepa lo que tengo en la cabeza y porque a veces no me apetece mucho leerle sus libros o no me apetece dejar lo que estoy leyendo. Las partes que no quiero que escuche, me las leo para mis adentros, y en el interin ella se duerme.., pero en no pocas ocasiones entiende muy bien lo que leo y me hace preguntas interesantes... Y el padre a veces también le lee noticias del periódico, y le cuenta sus propias historias, y por consiguiente, por el momento, por sí sola lee, comparativamente, poco pero que muy poco. Lo que más le gusta, si acaso, es que leamos poesía juntas, o teatro, e interpretarlo. De pequeña le gustaban mucho las enciclopedias ilustradas sobre el cuerpo humano y las de animales. Pero eso de leerse Harry Potter... por el momento, no es, digamos, lo que más le entusiasma...
Creo aun así que, mi hija, a pesar de no leer aun ella misma libros gordos, es o será, algún día, una lectora empedernida, y que se interesa por todo.
Yo supongo que ya llegarán los tiempos en los que no querrá hacer otra cosa.
Por lo pronto, nuestras estanterías están llenas. Y una buena parte de lo que contienen lo ha escuchado miles de veces. Seguro que algunas historias se las sabe de memoria. Como los antiguos.
Está claro que cada uno es cada uno...

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